Tailandia. El menor condujo diez kilómetros a toda velocidad antes de perder el control e impactar de lleno contra una procesión budista. Hay varios heridos en estado crítico.
Una jornada de fe y tradición se transformó en una masacre que conmociona al sudeste asiático. Una columna de peregrinos budistas fue embestida por una camioneta fuera de control en la provincia de Mukdahan. El saldo es devastador: nueve monjes muertos y una comunidad sumida en el dolor, luego de que se confirmara que el conductor del vehículo era un niño de apenas 11 años.
El trágico episodio ocurrió mientras un grupo de 35 religiosos y cinco acompañantes avanzaban a pie por la ruta en dirección a un templo local, cumpliendo con una tradicional caminata espiritual.
Diez kilómetros de terror
Según la reconstrucción efectuada por los investigadores, el menor se encontraba solo en su vivienda debido a que no había asistido a la escuela por un presunto cuadro de enfermedad. En un momento de la tarde, tomó las llaves del vehículo familiar sin el consentimiento de sus padres y salió a la ruta.
El niño logró conducir la camioneta a lo largo de diez kilómetros antes de perder por completo el control del volante. A gran velocidad, el rodado impactó de lleno y por la espalda contra la pacífica hilera de los caminantes.
“Vi a un niño conduciendo una camioneta que se acercaba y, de repente, nos embistió a toda velocidad”, relató quebrado por el llanto Phra Sompong, uno de los monjes sobrevivientes, quien logró arrojarse a la banquina junto a otro compañero milisegundos antes del impacto.
El saldo del desastre
El escenario tras el choque fue catastrófico. Cinco monjes fallecieron de forma instantánea sobre el asfalto debido a la violencia del golpe. Las ambulancias trasladaron de urgencia a los sobrevivientes hacia el hospital regional, donde horas más tarde se confirmó el deceso de otros cuatro religiosos que presentaban lesiones incompatibles con la vida. El resto de los heridos permanece internado bajo pronóstico reservado.
La situación del menor y los padres
La policía tailandesa incautó la camioneta para realizar las pericias mecánicas de rigor y determinar si existió alguna falla técnica, aunque la principal hipótesis radica en la impericia absoluta del chico. Cuando los padres del menor regresaron a la vivienda y notaron que el vehículo no estaba, llamaron desesperados a las autoridades, pero para entonces la tragedia ya se había desencadenado.
Por el momento, la Justicia resolvió que el niño no sea interrogado de forma inmediata. Las autoridades locales informaron que el menor se encuentra en un severo estado de shock y está recibiendo contención por parte de un equipo multidisciplinario compuesto por médicos, tutores y especialistas en protección infantil. Asimismo, los primeros informes médicos preliminares señalaron que el chico presenta necesidades especiales, un factor que será clave para determinar las responsabilidades legales de sus progenitores en el cuidado y la custodia de las llaves del automóvil.





