Un estudio internacional concluyó que las condiciones extremas que favorecieron los incendios forestales registrados durante el verano de 2026 en la cordillera de Chubut fueron significativamente más probables debido al calentamiento global. La investigación señala que el cambio climático incrementó en alrededor de 2,5 veces la probabilidad de que se produzcan escenarios climáticos propicios para estos eventos.
El trabajo fue realizado por el consorcio científico World Weather Attribution y contó con la participación de la doctora Natalia Pessacg, investigadora del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET), junto a especialistas de varios países.
Los incendios afectaron extensas áreas de bosques nativos en la Patagonia argentina y también impactaron en el centro-sur de Chile, donde el desastre incluso provocó víctimas fatales. En la región quedaron miles de hectáreas arrasadas, comunidades evacuadas y ecosistemas gravemente dañados.
La combinación que favorece los incendios
Para entender por qué el fuego se propagó con tanta rapidez, los investigadores analizaron el Índice de Calor, Sequedad y Viento (HDWI), un indicador que combina tres variables clave: temperaturas altas, baja humedad del aire y vientos intensos. Cuando estos factores coinciden, la vegetación se vuelve altamente inflamable y el viento facilita la expansión de las llamas.
Durante los incendios registrados en enero de 2026 en la Patagonia andina se registraron temperaturas superiores a los 38 °C y ráfagas de viento de entre 40 y 50 km/h, condiciones que favorecieron el avance del fuego en valles y zonas boscosas.
Según el estudio, episodios con características similares ocurren actualmente aproximadamente una vez cada cinco años, algo que ya había quedado en evidencia con el gran incendio ocurrido en la Comarca Andina en 2021.
La sequía previa agravó el escenario
El informe también destaca que el contexto previo fue determinante. Entre noviembre y enero gran parte de la Patagonia registró precipitaciones cerca de un 20 % por debajo de lo normal, lo que dejó bosques y pastizales extremadamente secos.
A esto se sumaron temperaturas récord en la región. Por ejemplo, en la estación meteorológica de El Bolsón se registraron 38,4 °C el 5 de enero, la marca más alta para ese mes desde que existen mediciones. En Esquel se contabilizaron 11 días consecutivos de calor extremo, uno de los períodos más prolongados en más de seis décadas.
Plantaciones forestales y propagación del fuego
Los investigadores también señalaron que ciertas características productivas pueden agravar el riesgo. En distintas zonas de la Patagonia y el sur de Chile existen plantaciones de pino en monocultivo, especies altamente inflamables que presentan gran densidad de árboles y continuidad de combustible vegetal, condiciones que facilitan la rápida propagación de los incendios.
Un riesgo creciente
Para evaluar el impacto del cambio climático, los científicos compararon el clima actual —que es aproximadamente 1,3 °C más cálido que en la era preindustrial— con simulaciones climáticas del pasado. Los resultados muestran que hoy es mucho más probable que se registren condiciones meteorológicas favorables para incendios de gran magnitud.
En el centro-sur de Chile, por ejemplo, la probabilidad de estos eventos extremos casi se triplicó respecto de hace un siglo.
Frente a este panorama, Pessacg advirtió que uno de los principales desafíos será fortalecer las estrategias de prevención. “Aún queda mucho por hacer en la gestión del riesgo de incendios. Es necesario avanzar en sistemas de alerta más precisos y en monitoreo constante”, sostuvo la investigadora.
Además, remarcó que la reducción de recursos en organismos de control y brigadas contra incendios aumenta la vulnerabilidad frente a este tipo de desastres.
En regiones como la Patagonia andina, donde conviven bosques milenarios, comunidades rurales y destinos turísticos, comprender estos procesos será clave para anticipar riesgos y evitar nuevas catástrofes ambientales.





