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Tortura y muerte en Tucumán: ataron, golpearon y masacraron a una jubilada en su propia casa

El horror se apoderó de Banda del Río Salí. Marta Azucena Migliorini, de 65 años, fue hallada por su sobrino en medio de una escena espeluznante que dejó mudos hasta a los policías más duros. Hay tres detenidos, entre ellos un vecino que «tenía las llaves» de la víctima.

 

BANDA DEL RÍO SALÍ, TUCUMÁN.– Una verdadera película de terror de la vida real se vivió en el interior de una vivienda de Pasaje San Cayetano. La víctima, Marta Azucena Migliorini, una mujer de 65 años, fue salvajemente asesinada de una forma tan atroz que los propios investigadores confesaron que la escena del crimen les heló la sangre. “Había señales de tortura”, filtraron fuentes policiales horrorizadas ante el ensañamiento de los asesinos.

El macabro hallazgo ocurrió ayer alrededor de las 19:00 horas. Preocupado porque su tía no contestaba las llamadas ni los mensajes, un sobrino de la mujer decidió ir a ver qué pasaba. Al entrar por la puerta trasera de la propiedad, se topó de frente con una imagen de pesadilla.

Una carnicería humana: golpes, ataduras y cortes

Para los detectives de la Unidad Fiscal de Homicidios II, liderada por Carlos Sale, no hizo falta esperar los papeles de la morgue para saber que los homicidas actuaron con “una violencia desmedida”. La saña quedó calcada en el cuerpo de Marta: la encontraron completamente atada, cubierta de feroces hematomas provocados por una lluvia de golpes y con una sangrienta sucesión de heridas cortopunzantes en la piel.

El informe preliminar de los forenses arrojó un dato escalofriante: la mujer llevaba varias horas muerta antes de ser encontrada, por lo que estiman que el calvario ocurrió mucho antes del hallazgo.

Vecino bajo la lupa y una supuesta «confesión»

La hipótesis principal apunta a un sangriento homicidio en ocasión de robo, y el caso ya arde con tres detenidos. La punta del ovillo comenzó con los testimonios de los vecinos, quienes aseguraron haber visto a un hombre merodeando de forma sospechosa la puerta de la jubilada. La propia Marta ya le había advertido a sus familiares, con mucha inquietud, que había tipos extraños vigilando su casa.

La Policía no tardó en mover sus fichas y detuvo a un vecino directo de la víctima. Al allanar su casa, se llevaron una sorpresa descomunal: ¡tenía las llaves del auto de Marta! y el sujeto no pudo explicar de ninguna manera qué hacían ahí. Acorralado, el sospechoso habría «escupido» una confesión ante los uniformados que, aunque no tiene validez legal directa en la causa, sirvió para cazar a otros dos supuestos cómplices, entre ellos un menor de edad.

El barrio está sumido en el pánico y la indignación mientras la justicia intenta armar el rompecabezas de un crimen ejecutado con una crueldad pocas veces vista.

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