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Murió Romina Rivera Cruz, la niña violinista de 9 años que deslumbró al Vaticano

Tenía apenas 9 años y era una de las grandes promesas del Sistema de Orquestas de Venezuela. Su talento había cautivado a las más altas esferas de la Iglesia Católica en octubre de 2025. Tras su fallecimiento, su madre denunció graves fallas e insumos insuficientes en el hospital donde fue atendida.

El mundo de la música infantil y el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela se encuentra de luto. Romina Rivera Cruz, la talentosa niña violinista que había alcanzado proyección internacional tras tocar frente al liderazgo de la Iglesia Católica en el Vaticano, falleció a los 9 años tras una dura batalla contra la fibrosis quística y una internación de diez días.

Un talento que cruzó fronteras

Romina, integrante de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela, se había ganado el corazón del público y la crítica internacional en octubre de 2025. En aquella ocasión, viajó a Roma junto a una delegación de 160 niños en el marco de las actividades por la canonización de los primeros santos venezolanos, Carmen Rendiles y José Gregorio Hernández.

Durante el concierto titulado Santos y Música para Todos, la pequeña se lució como solista de violín interpretando el célebre Danzón N.º 2 del compositor mexicano Arturo Márquez. Su maestría con el instrumento y su tierna sonrisa se llevaron una ovación rotunda, consagrándola como una verdadera joya musical.

Desde la institución que la vio nacer artísticamente expresaron su profundo dolor: “Recordaremos siempre tu sonrisa, tu amor por el arte y tu brillante talento. Es muy duro perder a uno de los nuestros”.

Denuncia por negligencia y falta de insumos

Detrás del trágico desenlace de esta joven promesa se teje un escenario de dolor y reclamos de justicia. Su madre, Claribeth Cruz, hizo pública una dura denuncia contra el sistema de salud en Acarigua, señalando deficiencias críticas en la atención que recibió su hija, quien padecía una enfermedad genética y crónica que afecta gravemente los pulmones y el sistema digestivo.

Según el testimonio de la madre, Romina fue asistida por profesionales que no contaban con la especialización necesaria para manejar la complejidad de la fibrosis quística. Asimismo, aseguró que las autoridades del centro médico se negaron a permitir que el neumonólogo de cabecera de la niña interviniera en el tratamiento, sumado a la escases de insumos y a unas instalaciones que no estaban aptas para la atención crítica que requería la menor.

La partida de Romina deja un vacío inmenso en la cultura venezolana, apagando prematuramente la melodía de una niña que soñaba con conquistar los escenarios del mundo a través de su violín.

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