Sobrevivió a un brutal ataque a balazos y no dudó en señalar a su expareja, el asesor digital Fernando Cerimedo, como el autor intelectual. Desde el hospital, la abogada y activista reveló una oscura trama de sicarios, violencia de género y negocios políticos millonarios.
Sobrevivir para contarlo
Internada bajo una estricta custodia en el quinto piso de la Clínica Las Américas de Santa Cruz de la Sierra, Nadia Beller rompió el silencio horas antes de recibir el alta médica. El pasado lunes 17 fue víctima de una emboscada donde recibió impactos de bala que aún permanecen alojados en su cuerpo.
Para desestimar rápidamente la hipótesis de un «autoatentado» impulsada por la defensa del acusado, la víctima exhibió sus heridas cerca del cuello y fue contundente:
«Por suerte no tocaron ningún órgano vital. Seguiré luchando hasta que los responsables rindan cuentas y la Justicia prevalezca.»
La trama de los sicarios y el intento de fuga
De acuerdo con el crudo relato de Beller, el exasesor de Javier Milei y actual colaborador informal del gobierno boliviano habría orquestado fríamente su asesinato. La abogada detalló una serie de elementos que incriminan a su expareja y evidencian la premeditación del ataque:
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Préstamo sospechoso: Beller aseguró que Cerimedo recibió 50.000 dólares en Santa Cruz un día antes del ataque, dinero que sospecha fue utilizado como adelanto para los sicarios.
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Falsa ubicación: Mientras ella ingresaba de urgencia al hospital, el acusado fingió estar a 20 kilómetros, en Cotoca, y no en La Paz.
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Captura: Cerimedo fue detenido en el aeropuerto local justo cuando intentaba abordar un vuelo para fugarse hacia Buenos Aires.
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Red de encubrimiento: La víctima denunció que el acusado se comunicaba con un jefe de inteligencia y que los custodios asignados en realidad le reportaban sus movimientos.
El móvil: Secretos de poder y un embarazo
La relación escondía un historial de violencia de género que Beller se rehusaba a dejar impune. A esto se sumó un reciente embarazo que agravó la tensión entre ambos. A pesar de la frialdad del ataque, el agresor mantuvo una fachada hasta el último minuto:
«El día anterior estuvimos en esta clínica, pagó un suero vitaminado y la ecografía. Durmió junto a mí en la misma almohada. Vio al bebé y me dijo que si fuera varón se llamaría Gabriel Fernando.»
Sin embargo, la abogada sostiene que la principal razón para intentar silenciarla fue la información confidencial a la que tenía acceso. Beller afirma que Cerimedo le confesó detalles sobre el manejo de enormes «granjas de bots» para manipular la opinión pública, facturaciones de 800.000 dólares mensuales en Argentina, cobros irregulares por lobby y supuestos esquemas de sobornos que involucrarían a altas esferas del poder. Hoy, la víctima exige garantías temiendo que la influencia política de su agresor le otorgue impunidad.





