La intervención policial en un chalet de la localidad de Fitoria, Oviedo, ha revelado un grave caso de abandono y reclusión de menores. Tras el alerta de una vecina, agentes de seguridad ingresaron a la vivienda y hallaron a dos gemelos de 8 años y un niño de 10, todos con barbijos y pañales, en condiciones de insalubridad y aislamiento.
Según las primeras investigaciones, los menores habrían vivido encerrados durante los últimos cuatro años, desde que tenían cuatro y seis años respectivamente, en un domicilio calificado por algunos como «la casa de los horrores». La casa, un imponente chalet, se encontraba repleta de basura, según los reportes policiales. Un oficial describió la escena como «absolutamente indignante», destacando que si bien los niños no presentaban malnutrición, sí estaban sucios, «secuestrados» de la realidad y completamente aislados. Como ejemplo de su desconexión con el exterior, se mencionó el asombro de los niños al ver un caracol en el jardín, un espacio al que aparentemente nunca habían accedido. Además, en la vivienda se encontraron dibujos de monstruos y los niños eran obligados a dormir en cunas.
Los padres de los menores han sido identificados como Christian S., un filósofo alemán de 53 años que trabajaba como freelance en Recursos Humanos, y M. A. S., de 48 años, también de nacionalidad alemana pero nacida en Estados Unidos.
El Juzgado de Instrucción número 3 de Oviedo, en coordinación con el Ministerio Fiscal, ha dictado prisión preventiva sin fianza para ambos padres. Asimismo, se ha suspendido la patria potestad y la custodia de los menores, quienes ahora se encuentran bajo el cuidado del Principado de Asturias. La causa abierta investiga delitos de violencia doméstica y abandono, y se evalúa una posible detención ilegal.
La policía investiga si el miedo a la pandemia de COVID-19 pudo haber influido en el comportamiento de la familia. El comisario Francisco Javier Lozano señaló la presencia de «cajas de medicamentos por todas partes» en la vivienda. Al momento del rescate, la madre insistió en que los policías y miembros de los Servicios Sociales extremaran los cuidados con sus hijos, colocándoles hasta tres barbijos a cada uno, y afirmando que estaban «muy enfermos». Sin embargo, las evaluaciones médicas realizadas en el Hospital Universitario Central de Asturias determinaron que los niños no sufren ninguna patología.





