Un hecho sin precedentes sacudió a la institución policial cuando se descubrió que uno de sus propios efectivos desmanteló un patrullero para obtener dinero rápido. El agente, cuya identidad se mantiene bajo reserva mientras avanza el proceso, sustrajo las cuatro cubiertas completas de una unidad oficial que estaba bajo su cuidado.
El plan y la confesión
Según trascendió de la investigación, el policía aprovechó la soledad del playón donde se encontraba el móvil para retirar los neumáticos. Tras notar la falta de las piezas en el vehículo, las autoridades iniciaron una auditoría interna que rápidamente apuntó hacia el uniformado que se encontraba de turno.
Acorralado por las pruebas, el efectivo terminó confesando la maniobra. El argumento que brindó dejó atónitos a sus superiores: vendió las cubiertas para cancelar una deuda personal que lo tenía bajo presión económica.
Consecuencias legales y administrativas
Tras el insólito robo de los bienes públicos, se tomaron medidas inmediatas:
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Pase a disponibilidad: El policía fue separado de su cargo y se le retiró el arma reglamentaria mientras dure el sumario administrativo.
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Causa Penal: Se inició un expediente judicial por el delito de malversación y robo de propiedad del Estado.
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Recuperación: Los investigadores trabajan para localizar al comprador de las cubiertas, quien también podría enfrentar cargos por encubrimiento.
El hecho generó una fuerte indignación tanto en la cúpula policial como en la comunidad, calificando el accionar del agente como una falta gravísima a la ética profesional y un daño directo a los recursos de seguridad de los ciudadanos.





