La crisis económica en Argentina ha alcanzado un límite simbólico y alarmante: el pan, alimento base de la dieta familiar, se ha vuelto un lujo difícil de costear para miles de hogares. El sector panadero atraviesa uno de sus momentos más críticos, con cifras que reflejan un verdadero «industricidio» en los últimos dos años.
Martín Pinto, referente de la industria, fue contundente al describir el escenario actual: “Si hoy la familia ya no puede comer pan, la situación ya está realmente complicada”. Según el dirigente, el deterioro no ha dado tregua. Mientras que a principios de 2024 se contabilizaban 100 cierres, hoy la cifra escaló a 2.000 panaderías bajadas de persiana y más de 16.000 trabajadores en la calle.
Ventas en picada y precios congelados a la fuerza
El desplome en el mostrador es drástico. El consumo de pan cayó un 55%, pero el golpe fue letal para los productos secundarios: las ventas de facturas, tortas y pastelería se hundieron entre un 80% y un 85%.
Para intentar sostener el poco flujo de clientes, muchos panaderos han decidido no retocar los precios, aun a costa de su propia rentabilidad. «Hace seis meses que no tocamos el precio del pan porque, si lo aumentamos, dejamos de vender», explicó Pinto. Actualmente, en zonas como Merlo, el kilo ronda los 2.800 pesos en los barrios y llega a los 3.500 pesos en los centros comerciales.
La «pelea desleal» contra los costos
El sector se encuentra atrapado entre dos fuegos: por un lado, clientes sin poder adquisitivo; por el otro, costos de producción que no dejan de subir. Los incrementos mensuales en electricidad, gas, impuestos y harina generan una presión asfixiante.
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Puestos de trabajo perdidos: +16.000.
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Locales cerrados: 2.000.
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Caída en pastelería: Hasta el 85%.
Desde la industria reclaman la intervención urgente de la Secretaría de Comercio para estabilizar el precio de los insumos y evitar que el cierre de locales se siga multiplicando. «Hoy el panadero está trabajando a pérdida para sostener la fuente de trabajo y pagar los gastos fijos», concluyó el referente, advirtiendo que, sin cambios en el corto plazo, el tradicional aroma a pan recién horneado podría desaparecer de muchos más barrios argentinos.





