La investigación por el homicidio de Ángel López en Comodoro Rivadavia suma capítulos de extrema crudeza. Tras la confirmación de seis meses de prisión preventiva para la madre, Mariela Altamirano, y el padrastro, Maicol González, nuevos testimonios y evidencias han salido a la luz, dibujando un escenario de violencia sistémica que rodeaba la vida del pequeño de 4 años.
Antecedentes alarmantes: el informe del jardín
Uno de los puntos más impactantes presentados en la audiencia fue el reporte proveniente del jardín de infantes al que asistía el menor. Según la evidencia recolectada, el propio Ángel habría confesado en la institución que, como método de castigo, era bañado con agua fría. A este dato se sumaron declaraciones de vecinos del barrio, quienes describieron una «matriz de violencia sistémica» y un estado de descuido generalizado hacia el niño.
La versión de los imputados: «Dejó de respirar»
Por su parte, el padrastro, Maicol González, rompió el silencio para sostener su inocencia. En su declaración, afirmó que el niño simplemente «dejó de respirar mientras dormía» tras haber sentido un fuerte olor a orina en la habitación.
En un intento por deslindar responsabilidades sobre las lesiones letales, los acusados afirmaron que los hematomas internos detectados en la autopsia podrían ser de fechas anteriores o tener otras causas ajenas a los hechos ocurridos en las últimas horas de vida del menor.
Estrategia de defensa y objeciones médicas
Los abogados defensores intentaron oponerse a la calificación de homicidio doloso. Su estrategia se basó en cuestionar el origen del edema cerebral que terminó con la vida de Ángel, sugiriendo que el mismo pudo ser provocado por patologías médicas como meningitis o tumores, y no necesariamente por golpes directos.
Sin embargo, el juez Alejandro Solís desestimó estos argumentos de manera preliminar, basándose en la contundencia de las lesiones actuales y el historial de maltrato que comenzó a emerger con el testimonio de los vecinos y docentes.





