La Organización Meteorológica Mundial (OMM) oficializó el inicio del fenómeno climátológico El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), una de las variables más influyentes del clima global. La confirmación llega luego de que los sistemas de medición detectaran que las temperaturas superficiales del océano Pacífico ecuatorial superan de manera sostenida y regular los valores habituales. Ante este escenario, el organismo internacional activó un protocolo de monitoreo global debido al fuerte impacto socioeconómico que el evento suele acarrear.
A pesar de la contundencia del anuncio, los especialistas aclararon que el inicio del fenómeno no se traducirá en modificaciones climáticas automáticas. El sistema meteorológico requiere de un período de «acople», un proceso en el cual la atmósfera reacciona de forma gradual a las nuevas condiciones térmicas del océano. Por este motivo, los primeros efectos se centralizarán en la franja ecuatorial para luego propagarse hacia latitudes mayores, afectando progresivamente a todo el hemisferio sur y, consecuentemente, al territorio argentino.
El motor del cambio: ¿Cómo se genera El Niño?
La dinámica de este fenómeno responde a una alteración drástica en la circulación de los vientos y las corrientes marinas americanas y oceánicas.
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En condiciones normales: Los vientos alisios soplan de manera constante de este a oeste, empujando las masas de agua superficial cálida hacia el sector de Oceanía.
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Con la llegada de El Niño: Estos vientos pierden fuerza y se debilitan notablemente. Al disminuir la resistencia, la gran masa de agua caliente acumulada en el oeste se desplaza en sentido contrario, asentándose sobre las costas de Sudamérica.
Efecto dominó: Este desplazamiento de aguas cálidas modifica por completo los patrones de circulación de la atmósfera a nivel global, reconfigurando el mapa de precipitaciones y temperaturas, lo que suele traducirse en eventos climáticos extremos según cada región.





