El reconocido chef Claudio Jaramillo celebrará el aniversario de su proyecto con una creación gigante. Será una pieza única con fines solidarios y contará con la participación de estudiantes con discapacidad.
Esquel se prepara para ser el escenario de un hito gastronómico sin precedentes. En el marco de la feria Feriarte, el chef local Claudio Jaramillo —una eminencia del rubro con títulos mundiales en empanadas y pizzas en 2022 y 2024— se propuso un desafío de escala monumental: elaborar una empanada de carne de una sola pieza que pesará entre 15 y 20 kilos.
La iniciativa no es solo una búsqueda de prestigio, sino el corazón del festejo por el tercer aniversario de Baruch, el proyecto personal de Jaramillo. Según explicó el cocinero, la intención es celebrar con los vecinos y turistas: “Todos los que vengan podrán probarla de manera gratuita”, aseguró.
Ingeniería gastronómica y el «dream team» de la cocina
Lograr una empanada de este tamaño requiere de logística especial. Jaramillo reveló que debieron encargar un molde a medida a una metalúrgica especializada, ya que las dimensiones exceden cualquier estándar de producción industrial.
Pero el evento, que tendrá lugar en la Sociedad Rural Esquel entre el 23 y el 25 de mayo, no será un solo de Jaramillo. La jornada contará con una selección de referentes de primer nivel:
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Federico Domínguez Fontán: Uno de los máximos exponentes de la cocina patagónica.
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Fernanda Toledo: Creadora del mejor alfajor de la región en 2026.
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Maximiliano Mieres: El «mago» del freestyle de la pizza con su show de masas.
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Aníbal Ramírez y Selva Rodríguez: Reconocidos chefs e influencers que aportarán la identidad regional y pastelera.
El repulgue más inclusivo
Más allá de los kilos y los récords, el evento tiene un trasfondo social que lo distingue. El momento clave de la elaboración, el repulgue, contará con la participación activa de alumnos de la Escuela N° 510 y personas con discapacidad de distintas instituciones locales.
De esta manera, la «empanada récord» se transforma en una acción colectiva y solidaria. Lo que se busca no es solo una marca en la historia de la gastronomía mundial, sino una muestra de identidad esquelense, donde la alta cocina y la inclusión social se encuentran en un mismo plato.





