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Quiénes son “Eli” y su tía “Normi”, las acusadas de descuartizar a un hombre para quedarse con su casa

Harold Canelo Crespín (34) era un obrero de la construcción. Parte de su cuerpo fue encontrado por chicos que jugaban al fútbol en un descampado el 18 de agosto. La Policía detuvo por el asesinato a dos mujeres de 26 y 41 años, respectivamente. 

El crimen del obrero de la construcción Harold Canelo Crespín (34) continúa conmocionando a los habitantes de la localidad de Pontevedra, en el oeste del Conurbano bonaerense. La investigación del caso arrojó en las últimas horas resultados impactantes.

Todo comenzó cuando cuatro adolescentes que jugaban a la pelota en un descampado ubicado entre las calles Espejo y Portela comenzaron a gritar cerca de las 16 del jueves 18 de agosto. Sus padres llegaron al lugar y comprendieron la desesperación de los chicos.

Junto a un árbol, en el interior de una bolsa de arpillera, estaban los restos del hombre de 34 años. Cuando llegó la Policía Científica de la Bonaerense, certificó que se trataba de un torso al que le habían amputado parte de las piernas y los brazos.

Luego de unos días, los investigadores lograron identificar a la víctima, de nacionalidad peruana. También se supo que la víctima fue asesinada a puñaladas y golpes en la cabeza con una maza.

En el marco de una investigación encabezada por el fiscal Sergio Dileo, por el análisis de las cámaras de seguridad y testimonios se descubrió que una de las presuntas asesinas era una joven de 23 años con la que Crespín tenía una relación ocasional, llamada Eliana Fuenzalida. Y que no habría actuado sola: al menos para encubrir el crimen habría tenido la ayuda de su tía Norma Beatriz González (41). Ambas fueron detenidas.

El presunto objetivo de las acusadas habría sido quedarse con la casa de la víctima. Crespín, quien había llegado desde Perú hacía casi 10 años, no tenía hijos ni otros familiares y vivía solo.

Según los investigadores pudieron ver en videos aportadas por vecinos, Crespín recibió el martes por la noche a “Eli” Fuenzalida en su casa, ubicada en la calle Espejo, justo a la vuelta de donde días más tarde serían encontrados sus restos.

Pasaron juntos la que sería la última noche de Crespín. “No era una pareja constituida ni formal, se veían cada tanto. Ella vivía con sus padres a pocas cuadras. Se habrían conocido porque él, que era obrero de la construcción, hizo algunos trabajos por la zona”, explicó uno de los investigadores a Infobae.com

Las cámaras de seguridad relevadas por el fiscal muestran al hombre de 34 años comprando en un quisco de la cuadra el miércoles a la mañana. Se lo observa con la misma remera roja con la inscripción “Lovewalk” con la que fue encontrado su torso el jueves. Esa fue la última vez que se lo vio con vida.

Nota: Crónica

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