Tras 43 años de esfuerzo y dos décadas en el barrio porteño, Gastón Cufré, sus padres de 82 y 75 años, su hermana y sus mascotas sobreviven en la calle tras perder su hogar y su local. Conservan las máquinas y piden una oportunidad para alquilar y volver a trabajar.
La desesperación se convirtió en el escenario cotidiano para una tradicional familia de tintoreros del barrio porteño de Flores, que atraviesa una crisis límite. Hace 151 días fueron desalojados de la propiedad donde vivían y funcionaba su comercio, y desde entonces deambulan y duermen apretados dentro de un automóvil junto a sus mascotas, mientras intentan reunir los requisitos para volver a empezar.
Gastón Cufré, en diálogo con C5N, sintetizó el drama que atraviesa su núcleo familiar: “Hace 151 días que estamos viviendo en el auto con mis padres de 82 y 75 años y mi hermana también. Fuimos desalojados con los perritos. Estamos viviendo una situación crítica. Perdimos la casa, el trabajo”. Durante 43 años, la familia se dedicó al rubro, consolidando 28 años de trayectoria en esa misma zona, trabajando principalmente con comercios textiles de la concurrida avenida Avellaneda.
La crisis, el colapso y el golpe a la salud
Las dificultades económicas se profundizaron hace tres años, momento en el cual los propietarios del inmueble les advirtieron sobre la imposibilidad de sostener el vínculo locativo ante la caída del emprendimiento.
“Nosotros hicimos un sacrificio enorme para poder sostener todo. La vida nos condenó a llegar a esta instancia del desalojo. Ellos nos dieron tres años para sobrellevar la historia y nosotros no pudimos”, relató con profundo dolor Oscar, de 82 años, padre de Gastón. Con la voz quebrada, recordó las interminables jornadas de esfuerzo: “Mi hijo con un sacrificio planchaba día y noche, pero no alcanzó. Mi señora también trabajaba, esta pobre mujer que luchó toda una vida con nosotros. Hemos dejado la vida”.
El impacto emocional y físico no tardó en reflejarse. Oscar sufrió episodios severos de vértigo que derivaron en caídas en la vía pública y lesiones de consideración. A esto se suma el muro burocrático de las garantías inmobiliarias: “Estamos pasando mucha necesidad. Estamos formando la plata para poder alquilar una nueva casa, pero el problema es la garantía”, detalló, remarcando las trabas del mercado para acceder a un alquiler.
“Si no tuviera el auto, estaríamos tirados en la vereda”
Pese a que el desalojo destruyó su estructura de vida, la familia todavía conserva las máquinas de la tintorería y el objetivo principal es hallar un espacio donde instalarlas para recuperar la autonomía económica. “Lo que queremos es encontrar una vivienda para volver al trabajo con nuestras máquinas. Ahora estamos en esta situación, pero yo tengo fe de que la vamos a poder superar”, afirmó Gastón con esperanza.
Por su parte, Oscar graficó con crudeza el golpe sufrido: “Nos partieron por el medio como una bomba. Nos dejaron sin casa y sin trabajo y en la calle. Si no tuviera el auto, estaríamos tirados en la vereda”. Y cerró con un ruego dirigido a la solidaridad de la comunidad: “Yo le enseñé a mis hijos lo que es trabajar y ellos siguieron mi historia, pero llegamos a este final





