En el corazón de Comodoro Rivadavia, la crisis económica ha dejado al descubierto historias de una vulnerabilidad extrema. Pablo y su hijo de 26 años, quien padece un retraso madurativo, hoy protagonizan una lucha desigual contra el hambre y el frío. Tras la paralización de la obra donde trabajaba, Pablo se quedó sin el sustento que le permitía comprar los insumos básicos para el cuidado de su hijo, quien depende totalmente de él.
«Tenía un trabajo en una obra, pero se frenó. Con eso le compraba su leche, le daba de comer y lo vestía. Hoy es imposible», relata Pablo con una angustia que se traduce en lágrimas al ver la realidad de su hogar: un joven que solo tiene un par de zapatillas destruidas y que carece de sábanas y frazadas limpias para su descanso diario.
Un pedido de dignidad, no de limosna
A pesar del límite al que han llegado —asegura tener alimento solo para dos días más—, Pablo es tajante en su pedido. No busca asistencia gratuita, sino una oportunidad para demostrar sus habilidades y ganarse el pan. «Yo aprendí a ganarme las cosas solo. Lo que quiero es trabajar a cambio de lo que él está necesitando», remarca con firmeza.
Pablo es oficial pintor y posee conocimientos sólidos en albañilería y plomería. Sin embargo, ante la urgencia, su disposición es total: está listo para limpiar patios, cargar bateas o cualquier tarea que le permita volver a comprar la leche que su hijo consume tres veces al día.
Cómo ayudar
La situación es de «alerta roja». La falta de una red familiar de contención hace que la ayuda de la comunidad sea el único camino posible para este padre que solo desea devolverle la dignidad a su hijo. «Él merece estar bien, comer y estar bien vestido. Yo no me siento un padre al verlo así», confiesa con dolor.
Para quienes puedan ofrecerle una changa, un empleo o cualquier oportunidad laboral, pueden comunicarse directamente con Pablo al teléfono: 2974053736. En estos casos, la difusión también es una forma de ayudar: compartir su historia es el primer paso para que esta familia recupere la esperanza.
Con información de ADNsur.





