En las últimas horas, la diócesis de Comodoro Rivadavia, junto a la prelatura de Esquel, lanzaron un fuerte comunicado acerca de la educación en la provincia del Chubut.
«La tragedia educativa precisa acciones inéditas», fue el título del comunicado que trascendió, y continuó «creemos que si en todo el país una de las consecuencias invisibles de la pandemia ha sido el deterioro en la educación de nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes, en nuestra provincia del Chubut es una verdadera tragedia. Hace ya cuatro años – o más – que todas esas franjas no tienen un año completo de clases presenciales.»
Para continuar, la carta responsabilizó primero al estado provincial por el incumplimiento de pagos a los docentes y por el presente de la educación en Chubut:
«El estado puede salir de ese círculo con estabilidad en el pago de los haberes de los docentes en tiempo y forma, con el reconocimiento de paritarias, y garantizando la equiparación salarial con otros trabajadores del estado. Azorados descubrimos que los albergues y algunas escuelas ni siquiera tienen sus edificios preparados después de dos años de pandemia; ello supone que muchos jóvenes provenientes de parajes y pequeñas localidades ven comprometida su continuidad educativa. Es preocupante que sean decretos y no saberes los que determinan el paso de año o de nivel»
Para continuar, no dejaron pasar la oportunidad de responsabilizar a los gremios educativos que año a año provocan la disminución de días de clases a través de constantes movilizaciones que interrumpen el transcurso normal del ciclo lectivo:
«Los gremios pueden también evitarnos la tragedia con la búsqueda de caminos de diálogo, y si eso no es posible, de protesta que no ponga en juego las clases; los docentes saben que estamos ante una generación de semianalfabetos y analfabetos. Los agremiados deben hacer llegar a quienes los representan su posición contraria a que el modo de protesta sea la suspensión de las clases y aquellos que no están agremiados deben buscar los modos para hacer escuchar su voz y perder el miedo»
A continuación el documento completo:
La tragedia educativa precisa acciones inéditas
Creemos que si en todo el país una de las consecuencias invisibles de la pandemia ha sido el deterioro en la educación de nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes, en nuestra provincia del Chubut es una verdadera tragedia. Hace ya cuatro años – o más – que todas esas franjas no tienen un año completo de clases presenciales.
En nuestros espacios de cercanía hemos instrumentado medios en el último tiempo para que aquellos que están en edad de escolarización puedan acceder a los servicios de internet, una impresora, etc. El impacto a lo largo y ancho de la provincia ha sido encontrarnos con niños y niñas que estando en los últimos años del nivel primario no saben tomar un lápiz: no sólo no comprenden consignas sino que tienen una seria dificultad para leer y escribir; no entienden
cómo hacer las operaciones básicas de la matemática, etc. A eso se le suma la deserción en todos los niveles, la escasa valoración de los procesos educativos por parte de los adultos responsables lo cual no ayuda a sostener la escolaridad.
Si a eso le sumamos los problemas nutricionales en los niños y el aumento de las situaciones de abusos que no son advertidos por la falta de escolarización, el drama es mayúsculo.
Estamos ante una verdadera tragedia educativa y quienes hemos estudiado el origen de ese término en la literatura sabemos que para que haya tragedia debe haber quienes crean que el destino es irremediable, que no se puede salir del círculo de lo que siempre se repite. Creemos que no es así. ¡Evitemos que sea el desaliento el que defina la historia!
El estado puede salir de ese círculo con estabilidad en el pago de los haberes de los docentes en tiempo y forma, con el reconocimiento de paritarias, y garantizando la equiparación salarial con otros trabajadores del estado. Azorados descubrimos que los albergues y algunas escuelas ni siquiera tienen sus edificios preparados después de dos años de
pandemia; ello supone que muchos jóvenes provenientes de parajes y pequeñas localidades ven comprometida su continuidad educativa. Es preocupante que sean decretos y no saberes los que determinan el paso de año o de nivel.
Los gremios pueden también evitarnos la tragedia con la búsqueda de caminos de diálogo, y si eso no es posible, de protesta que no ponga en juego las clases; los docentes saben que estamos ante una generación de semianalfabetos y analfabetos. Los agremiados deben hacer llegar a quienes los representan su posición contraria a que el modo de protesta sea la suspensión de las clases y aquellos que no están agremiados deben buscar los modos para hacer escuchar su voz y perder el miedo.
Asimismo, es indispensable que los padres se empoderen en la lucha por la educación de sus hijos, que abandonen un modo de hacerse presente en el reclamo por este derecho de los niños, niñas y adolescentes sólo cuando a los chicos los “devuelven a casa”. La familia – Ustedes, adultos responsables, junto a muchos que se han asociado y ya lo están haciendo –están llamados a hacer una verdadera alianza formativa con la escuela: ¡Involúcrense en lo que debería ser la verdadera lucha!: la excelencia educativa para el servicio. El conjunto de la sociedad – aún aquellos que no tienen familiares en edad escolar –tenemos que ahondar en esta problemática, formar un juicio e intervenir preguntando y reclamando – porque lo que pasa nos compete a todos.
Si salimos del esquema individualista de una búsqueda de excelencia para que “mis” hijos puedan progresar, si abandonamos el esquema donde me alcanza que los tengan “ocupados” algunas horas diarias, entonces a aquellos que les compete garantizar los procesos educativos sabrán que no pueden dilatar soluciones integrales. Que se juegan su representatividad política, sindical, si no gastan sus días y horas en hacer que la educación sea la prioridad de sus gestiones. Si cada uno de nosotros hacemos saber que queremos que el estado utilice nuestros impuestos y
erogaciones privilegiando los gastos en educación sobre otros, es inevitable que se genere un cambio.
Estamos ante una tragedia; y para nosotros – los cristianos –es paradigmática la imagen de Jesús invirtiendo todo su día enseñándole a la gente. La Escritura nos dice que se le “conmovieron” las entrañas al ver a tantos como “ovejas sin pastor” … Es hora de enfrentar la tragedia desde la conmoción, que se nos estruje el corazón por cada día y cada hora de clases perdidas; que no haya posibilidad de escuchar ni una propuesta más en ningún ámbito mientras las niñas, niños, adolescentes y jóvenes no estén en las aulas. Es hora de que los docentes recuperen su identidad fundamental, que es enseñar y que el estado privilegie la dirección de sus recursos a la educación.
En esta tragedia evitable, si no asumimos cada uno nuestras responsabilidades – a todos – Dios y la Patria nos lo demanden.
Prelatura de Esquel | Diócesis de Comodoro Rivadavia





