La Confederación General del Trabajo (CGT) ha decidido elevar la temperatura del conflicto judicial por la reforma laboral con una ofensiva legal que pone bajo sospecha la transparencia de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo. A través de una presentación formal, la central obrera solicitó el apartamiento de los jueces intervinientes y exigió la nulidad de su reciente sentencia, calificándola como un fallo carente de ética y fundamentos jurídicos.
El eje del conflicto se centra en la figura del juez Víctor Pesino. La CGT, representada por el abogado Pablo Topet, lanzó una acusación de alto voltaje político: sostiene que el magistrado dictó una sentencia favorable a los intereses del Gobierno nacional mientras, en paralelo, el Estado tramitaba un pedido para que pudiera permanecer en su cargo por cinco años adicionales. Pesino ya alcanzó el límite constitucional de 75 años, y para la central obrera, la posibilidad de extender su mandato representa un «beneficio de importancia» que anula cualquier pretensión de imparcialidad.
Ética y derechos bajo amenaza
«Omisión y prejuzgamiento confluyen en una descalificable sentencia», dispararon desde la cúpula sindical, argumentando que el fallo no solo está viciado por intereses personales, sino que ignora la «naturaleza alimentaria» de los salarios. La CGT denuncia que los magistrados fallaron de espaldas a la vulnerabilidad de los trabajadores, sin permitir siquiera la intervención de los representantes gremiales en el proceso.
Esta estrategia legal busca, en lo inmediato, congelar la aplicación de los cambios en la normativa laboral hasta que se resuelva si los jueces deben ser apartados. Sin embargo, el plan de la central obrera trasciende las fronteras locales.
Un reclamo con destino internacional
Ante lo que consideran una vulneración sistemática de derechos básicos, la CGT ya prepara el terreno para una batalla de largo aliento que incluye:
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La elevación del caso ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
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Denuncias formales ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
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Presentaciones ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Con este movimiento, el sindicalismo busca no solo frenar la reforma, sino poner en tela de juicio la moralidad de los magistrados que deben arbitrar en la relación entre el capital y el trabajo, en un escenario donde la independencia judicial ha quedado, una vez más, en el centro de la tormenta.





