La emergencia geológica en el barrio Sismográfica de Comodoro Rivadavia no solo dejó calles partidas y estructuras colapsadas; dejó, sobre todo, una herida abierta en la identidad de sus vecinos. Una de las damnificadas relató el calvario de las familias que hoy luchan entre el desarraigo y el esfuerzo físico extremo para rescatar sus pertenencias antes de que el cerro se lo lleve todo.
Jornadas de sol a sol en la zona cero
Para los vecinos de la zona de riesgo, la rutina se ha convertido en una carrera contra el tiempo y la geología. La joven damnificada describió jornadas agotadoras que comienzan antes del amanecer:
«Todos los días voy a las 6:30 de la mañana a hacer fila para poder subir a casa, y trabajar en ella hasta las 7 de la tarde», narró sobre el extenuante operativo para salvar lo que queda de su hogar.
El impacto psicológico: el mecanismo de negación
Más allá del cansancio, el testimonio revela cómo el trauma afectó la percepción de los afectados. La vecina confesó que durante los primeros días su mente bloqueó la realidad del daño estructural: «Esquivé tres días subir al segundo piso… No me di cuenta hasta que me preguntaron si estaba evitando ver mi techo. Sin darme cuenta, sí, era eso».





