Robert Francis Prevost, el recién nombrado Prefecto del Dicasterio para los Obispos, saludó al mundo desde el balcón de las bendiciones, declarándose «hijo de San Agustín» y proclamando: «Dios nos ama a todos incondicionalmente». Estas palabras, pronunciadas tras su nombramiento, han generado expectativas y reflexiones dentro de la comunidad eclesiástica.
Jorge Wargner, obispo, en diálogo con Radio del Sur 97.1, compartió sus impresiones sobre el nuevo prefecto, destacando su cercanía con Latinoamérica y su vasta experiencia pastoral. «Estamos reunidos un poco más de 100 obispos, es habitual, se hace en esta fecha del año. Lo vivimos juntos, fue muy emotivo porque varios obispos acá lo conocen, incluso ha estudiado junto a uno de ellos, lo conocen mucho. Estamos muy contentos, es un hombre que conoce bien América Latina y ha estado en muchas ocasiones acá en la Argentina», afirmó Wargner.
El obispo también resaltó la experiencia global de Prevost: «Un hombre que conoce el mundo. Un hombre con una experiencia pastoral muy grande». Además, reveló la estrecha relación que mantenía con el Papa Francisco: «Él se reunía todos los sábados con el Papa Francisco, fue un gran ajedrecista, movía las piezas muy bien, los cardenales que él eligió sabía bien quienes eran».
En cuanto al posible aporte de Prevost a la Iglesia, Wargner señaló: «El aporte yo creo que va a ser el tema de la paz, por sus primeras palabras, eso lo marcó en su discurso, por las palabras que utilizó podemos ver eso».
El sello distintivo agustiniano, presente en las palabras del nuevo prefecto, también fue destacado por Wargner: «lo cristiano, lo propio de la fe lleva a la humanización, el poner todo el aporte hacia los valores que nacen de la fe para que justamente tenga esta impronta de una humanización más plena».
Sobre los desafíos internos de la Iglesia, Wargner explicó: «Hay distintos temas que son internos nuestros, sobre todo el tema pastoral, los primeros días fue pensar en el legado del Papa Francisco y tenemos que seguir llevándolo, es lo que nos va dejando la Iglesia a través de los pontífices». Y concluyó: «El estilo de vida de la Iglesia es caminar y trabajar junto hacia adentro y hacia afuera».





