Sofocados, ahogados, sin capacidad de respuesta. Así se comportan los actuales integrantes del Superior Tribunal de Justicia (STJ) del Chubut, frente a una suma de errores no forzados, protagonizados primero, por los seis integrantes; sostenidos, luego –casi unilateralmente- por su Presidente, Javier Raidan.
Nuevos, pero con los mismos vicios
La máxima conducción judicial provincial necesito siempre de avales políticos y partidarios. La administración de Mario Das Neves supo, mejor que nadie, aceitar los vínculos que fuesen necesarios para no perder control sobre la conducción política de la «corte provincial».
Inmediatamente asumido, Das Neves fue por «la corte». Si bien la Constitución Provincial prevé que el STJ esté integrado por un máximo de 6 jueces, hasta 2006 solo tres revistieron el carácter de Ministros. Estos fueron: Fernando Royer, Daniel Caneo y José Pasutti. Ese año, se creó la Sala Penal y se nombraron a tres magistrados más. Así se sumaron Jorge Pfleger, Alejandro Panizzi, y Juan Pedro Cortelezzi.
Rápidamente Roger y Caneo se adscribieron a los beneficios de la jubilación y lo propio hizo más tarde, Pedro Cortelezzi. En 2010 y en reemplazo de éste último, ingresaró Daniel Rebagliati Russell. Nuevamente la «corte provincial» quedó integrada por cuatro miembros que rápidamente pasarían a ser solo tres: En 2015, el otro que presentó su renuncia fue José Luis Pasutti. Con lo cual, el STJ resulto de la integración de Jorge Pfleger, Alejandro Panizzi y Rabagliati Rusell.
Todas estas alteraciones en el STJ estuvieron caracterizadas por escándalos, acusaciones de corrupción, manejos discrecionales del poder, designaciones sin concursos y arbitrariedades de todo tipo que, disfrazadas de jubilaciones, en realidad, escondieron enfrentamientos entre ministros cuyos egos personales y apetencias políticas pudieron más que sus responsabilidades.
Estas dos características (egos y apetencias políticas) fueron –lamentablemente- la constante en la mayoría de las conductas de los integrantes del STJ en casi todos los periodos gubernamentales. La influencia de la política partidaria en la justicia chubutense fue el «cáncer» que conspiró contra la transparencia, la institucionalidad, la ética, la eficiencia y eficacia del servicio de justicia.
Volvamos al campo de juego y veamos cómo se integraron los nuevos Superiores
Das Neves no alcanzaba a consolidar una corte «confiable» (Panizzi hacía fuertes cuestionamientos a su Administración). Es así que, en 2016, nominó a tres nuevas figuras para que se sumaran al gobierno judicial descansando, en esa tarea, en los hombros de quien más experiencia tenía en la compleja tarea de construir consensos: Marcelo Guinle.
El comodorense venía de ser senador (2001 – 2015), Presidente de la Comisión de Acuerdos del Senado de la Nación (Comisión en la que se tejen las alianzas para el conforme legislativo de los candidatos a jueces propuestos por el Poder Ejecutivo Nacional), Presidente Provisional del Senado (tercero en la línea sucesoria presidencial), Convencional Constituyente Nacional en 1994, ex intendente de Comodoro Rivadavia (1995-1999), candidato a gobernador de la provincia en dos oportunidades. En definitiva, uno de los referentes de mayor peso en la dirigencia política provincial.
Guinle, si bien fue nominado por Das Neves para integrar el STJ, nunca compartió el mismo espacio interno –dentro del peronismo- del entonces gobernador. Es más, ambos pertenecieron siempre a lineamientos muy distintos, a través de los cuales se enfrentaron en más de una oportunidad. Podríamos decir entonces que, Guinle lejos estuvo de ser un aliado de Das Neves. Más bien fue un adversario interno y no menor.
Junto a Guinle, se sumaron otros dos nuevos integrantes como el comodorense Miguel Angel Donnet y el bonaerense Mario Vivas, residente desde hacía algún tiempo en Puerto Madryn. Así, el sexteto vuelvió a completarse y quedó integrado por los tres abogados mencionados junto a quienes venían desempeñándose como Ministros como Jorge Pfleger, Daniel Rabagliati Russell y Alejandro Panizzi.
Pero en la segunda mitad de ese mismo año, 2016, a pocos meses de haberse completado, otra vez el STJ sufrirá nuevas bajas. Primero Rabagliati Russel y Pfleger después, iniciarán sus trámites jubilatorios. A los pocos meses de estas dos salidas, en 2017, va a fallecer, producto de una prolongada enfermedad renal, Marcelo Guinle. Y en 2020, tras varios años de licencia y de haber declarado públicamente que sufría del principio de Alzheimer, Miguel Angel Donnet, también presentó su renuncia. Y desde esa fecha, hasta diciembre de 2021, serán Mario Vivas y Alejandro Panizzi quienes gobernarán el Superior Tribunal de Justicia.
Ambos, no solo tuvieron que organizar el funcionamiento del poder judicial desde el punto de vista administrativo, sino, además, convivir con la demora en el pago de salarios con atrasos de más de tres meses, en uno de los peores momentos de la vida política del Chubut bajo la administración de Mariano Arcioni. En una palabra, solo dos personas, desde el fallecimiento de Guinle, fueron las responsables de llevar adelante la conducción del servicio de justicia provincial, sin los recursos para pagar los salarios en tiempo y forma y en medio de una pandemia.
Completemos con los nuevos
A Vivas y Panizzi se sumaron, Camila Banfi (propuesta por Comodoro Rivadavia), Silvia Bustos (Rawson) -que consumó la carrera judicial más veloz en la historia de la provincia -al convertirse de jueza de faltas a Ministro del Superior-, Ricardo Napolitani y Daniel Báez (Puerto Madryn). Todos incorporados durante la gestión de Mariano Arcioni.
Báez y Panizzi inscribieron su jubilación en Anses antes que le hicieran juicios políticos. Más escándalos. Y ya, en el gobierno de Ignacio Torres, llegaron Javier Raidan, hombre perteneciente al peronismo bonaerense (actual Presidente del STJ) y Andrés Giacomone (ex fiscal de Estado).
Pero retrocedamos algunos renglones
Das Neves tuvo en Guinle al conductor que necesitaba frente al poder judicial. La experiencia del ex intendente en el proceso de toma de decisiones, en la construcción de consensos, en la utilización de los tiempos políticos, no tuvo precedentes. Guinle sabía lo que tenía que hacer, con quienes y cuándo hacerlo. De sus cualidades nadie duda. Supo, como nadie, administrar los egos personales y al mismo tiempo encaró una de las principales y más demandadas obras para la justicia comodorense, como lo es la Ciudad Judicial.
Lamentablemente, la muerte lo encontró tempranamente y su ausencia dejó al descubierto un vacío conductivo que tardó en rellenarse. Panizzi había sorteado, con ajustado margen, un juicio político en 2013 y su figura quedo fuertemente debilitada. Será entonces Mario Vivas el que recogerá el guante conductivo rodeado de un ausente Miguel Ángel Donnet (luego renunciado) y un cuestionado Alejandro Panizzi.
Fue poco el tiempo que Vivas compartió al lado de la figura de Guinle. Pero junto a su historial en la justicia bonaerense, ambos elementos, lograron amalgamar en su persona la mesura y el temple necesario para afrontar los desafíos de gobernar a un poder del estado, el judicial, corporativo, individualista, elitista y sin plata. Pequeña labor.
La cantidad de nombres y cargos expuestos, a lo largo de éstos últimos casi 20 años, muestran a las claras que asumir en el cargo, no es garantía ni de profesionalidad ni de eficiencia y eficacia en el ejercicio del poder. Para ser juez, el ser un experimentado abogado, es una condición necesaria pero no suficiente. ¿Por qué?
Ocurre que la figura del juez (y más aún, si es Ministro del STJ) es, ante todo, la de un funcionario público que, luego, imparte el servicio de justicia ajustando su criterio juzgador a lo normado por las leyes. Y éste principio básico que integra la teoría y la práctica democrática, es, generalmente, más observado, cuestionado que acompañado.
La transparencia, la comunicación, la rendición de cuentas, la observancia de conductas éticas y republicanas son, entre otros, los pilares fundacionales del comportamiento de todo aquel funcionario que ejerza una responsabilidad pública en un sistema democrático. El cumplimiento irrestricto de dichos comportamientos son la base sobre la que se asienta la legitimidad, el acuerdo, que presta una sociedad, que observa en los jueces, a los garantes de un sistema de convivencia en donde las arbitrariedades, los privilegios, el oscurantismo y los elitismos, encuentran un límite. El instrumento para materializar estos principios, es el respeto y cumplimiento irrestricto de la ley.
Los acontecimientos últimos, surgidos de acordadas (que fueron difíciles de encontrar) en donde los actuales integrantes del STJ acordaron incrementar un esquema de privilegios económicos y de clase, van en sentido contrario, no solo a lo que prescriben las leyes vigentes (no acordadas, por más que tengan fuerza de ley). Además, dichas conductas vulneran, destratan, «ningunean», la confianza pública en sus gobernantes. Y los Ministros del STJ lo son. Gobiernan. Esperemos que, de ahora en más, lo hagan de cara a una sociedad que no logra comprender cuanta incompetencia puede rodear a un abogado bien formado.
Ahora es tiempo de dar explicaciones con palabras y hechos. Es una obligación y una garantía de que los derechos no solo son para algunos.
Por Sergio Cavicchioli





