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Cierran 41.000 kioscos tradicionales y la crisis del sector ya se compara con el colapso de 2001

Golpeados por el desplome del consumo, el aumento desmedido de los costos operativos y una feroz competencia desleal, más de 41.000 kioscos independientes bajaron definitivamente sus persianas desde diciembre de 2023. El dato, revelado por la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), expone un escenario de devastación comercial a un ritmo que alcanza los 50 cierres diarios, reduciendo el parque de comercios de 100.000 a apenas 59.000 sucursales en todo el país.

Desde la entidad gremial trazaron un paralelismo crudo pero contundente con el estallido socioeconómico de principios de siglo, advirtiendo un nivel de deterioro inédito por la velocidad de la caída. Ernesto Acuña, vicepresidente de UKRA con 28 años en el rubro, diferenció el proceso actual con el de hace dos décadas: «En 2001 la situación empezó a complicarse en 1999 y se fue profundizando gradualmente, mientras que esta vez el impacto fue mucho más abrupto».

Caída del consumo, tarjetas de crédito y el regreso del fiado

El desplome en las ventas presenta una marcada disparidad según el nivel socioeconómico de la zona. Mientras que en barrios porteños de clase media —como Caballito, Villa Urquiza y Villa Crespo— la retracción ronda el 50% respecto a tres años atrás, en el Gran Buenos Aires y el interior la actividad se contrajo hasta tres veces. Por el contrario, en los sectores de mayor poder adquisitivo (Recoleta, Puerto Madero, Belgrano) la baja apenas alcanzó el 20%.

La pérdida de poder adquisitivo transformó de forma drástica las dinámicas de compra. La migración masiva hacia segundas y terceras marcas, sumada al auge de promociones combinadas, convive con el retorno de mecanismos de subsistencia del pasado. «La gente no tiene plata, compra con tarjeta de crédito y volvió el fiado, eso de ‘te lo pago la semana que viene, cuando cobre’», detalló Acuña, reflejando el drenaje de efectivo en la calle.

El avance de las cadenas y una brecha impositiva insostenible

A la pérdida del poder de compra de la población se le suma la proliferación de competidores informales —como supermercados, farmacias y verdulerías que comercializan golosinas como ingreso extra a menor margen— y la expansión ininterrumpida de las cadenas de kioscos. Según estimaciones de la cámara, «por cada kiosco de cadena que abre, cierran entre 6 y 8 ya establecidos», ya que estas grandes firmas (como Open 25 o El Jevi) logran sostener locales con bajas ganancias compensando pérdidas a través de redes múltiples.

El combo letal para el kiosquero de barrio se completa con la disparada de las tarifas de los servicios públicos y los costos fijos, que ahogan la rentabilidad diaria. «Hay colegas que están pagando más de luz que de alquiler, algo que no había pasado nunca», alertó el dirigente de UKRA, concluyendo con una sombría radiografía del sector: «Es un sálvese quien pueda. Muchos regalan la mercadería para competir con el de al lado y terminan fundiéndose los dos».

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