Se le terminó el beneficio de la duda y, sobre todo, de la libertad. Luis Quilchamal, un hombre que contaba con el beneficio de una condena en suspenso por violencia de género, desobedeció la orden más sagrada que tenía para no ir a prisión: mantenerse lejos de su expareja. Tras comprobarse que rompió la restricción de acercamiento, el juez de garantías Ariel Quiroga no dudó y le revocó la condicional, enviándolo directo tras las rejas para cumplir una pena efectiva de dos años de cárcel.
El detonante de este regreso a prisión ocurrió el pasado 16 de mayo, cuando la fiscalía de Sarmiento demostró ante la Justicia que el implicado quebrantó de forma flagrante la prohibición de contacto con la denunciante. Para el magistrado Quiroga, la violación de una perimetral en un contexto de violencia de género es una infracción gravísima que anula de inmediato cualquier beneficio de ejecución condicional.
Un historial de terror: persecución hasta la comisaría
Los antecedentes del caso pintan una secuencia cinematográfica de violencia. El 1 de septiembre de 2024, Quilchamal irrumpió en la vivienda de la víctima, ubicada en la esquina de las calles Julio Argentino Roca y Ricardo Rojas. Una vez adentro, sacó un arma de fuego, le apuntó directamente a la cabeza y le lanzó una frase escalofriante: “Yo a vos te voy a cagar matando, me tenés cansado, te voy a pegar un tiro en la cabeza”.
Aterrorizada, la mujer logró escapar corriendo hacia la comisaría local para pedir auxilio. Sin embargo, el agresor no se frenó allí. Mientras la víctima le relataba lo sucedido a una cabo de policía, Quilchamal entró enfurecido a la propia dependencia policial para llevársela por la fuerza. “¿Qué hacés vos acá? Andá para la casa…”, le gritó, mientras la tomaba del pelo para arrastrarla hacia la calle. El personal policial reaccionó de inmediato, lo redujo en el suelo y descubrió que el atacante escondía un arma de fuego entre sus ropas.
El fin de los beneficios
Por ese violento episodio, el acusado había recibido el 25 de abril de 2025 una pena en suspenso mediante un juicio abreviado por amenazas agravadas, portación ilegal de arma y resistencia a la autoridad. Las condiciones para no ir a una celda eran claras: tres años de buena conducta y distancia absoluta de la víctima.
Al romperse ese pacto con la Justicia, el magistrado ordenó su prisión preventiva inmediata. Ahora, con el beneficio de la libertad condicional fulminado, la Oficina Judicial deberá actualizar el cómputo de la pena para establecer la fecha exacta en la que Quilchamal recuperará la libertad, esta vez tras los muros de una penitenciaría.





