Kiosqueros y pasteleros locales coinciden en que la tradicional fecha del 1 al 7 de julio ya no impulsa el consumo. Los clientes eligen marcas económicas y tamaños pequeños «solo para cumplir».
La tradicional Semana de la Dulzura, que históricamente representaba una de las fechas más esperadas del año para reactivar el consumo, se vive con profunda preocupación en Comodoro Rivadavia. Kiosqueros, chocolaterías y emprendedores de la pastelería coinciden en que la celebración atraviesa uno de sus peores momentos debido a la notable pérdida del poder adquisitivo de los consumidores.
Un comerciante con 22 años de trayectoria en un kiosco del barrio La Loma graficó con crudeza el cambio de época: «En otra época, la Semana de la Dulzura era cuando más golosinas se vendían. Preparábamos paquetes especiales, cajas o combos porque se le regalaba a la pareja, a la familia y a los compañeros de trabajo». Sin embargo, el panorama actual es drásticamente opuesto. «Hoy la gente no tiene plata. Vendimos algún chocolate, algunos bombones, pero muy por debajo de otros años», lamentó.
Esta fuerte caída impacta de lleno en la rentabilidad de los comercios de cercanía, asfixiados por el incremento de los costos fijos. «A los kiosqueros nos mata, porque estas fechas especiales son las que nos permiten hacer un colchón. Pagar alquiler y servicios cada vez más caros es difícil cuando no solo vendés menos en cantidad, sino que lo que más sale es lo más barato», explicó el comerciante.
El golpe a la pastelería artesanal
El enfriamiento del consumo también golpea con fuerza a los pequeños productores independientes. Gabriela, una emprendedora dedicada a la pastelería artesanal, reveló que para esta fecha en particular prácticamente no registró pedidos especiales.
«La gente busca mucho precio, o quizás dar un detalle muy chiquito para no gastar tanto. Te piden una mini cake en vez de una torta más rendidora, cosa de cumplir pero sin sobrepasarse de gastos», detalló la pastelera, quien además admitió que debió resignar el valor de su propia mano de obra para que los precios no ahuyenten del todo a la clientela.
Tras un primer cuatrimestre del año que describió como «completamente muerto», la emprendedora confesó la incertidumbre que rodea al sector: «Uno espera las fechas especiales para vender más, pero este año fue flojo en todo sentido. Al ser los costos de materia prima y servicios mucho más altos, hay que vender el triple. Toda esta situación te asusta porque pensás que te venís abajo».
La realidad en las calles comodorenses demuestra que, aunque la intención de mantener la costumbre de «una golosina por un beso» sigue vigente, el bolsillo manda. La tendencia actual obliga a reemplazar las cajas de bombones finos y los chocolates de primera línea por opciones pequeñas y segundas marcas, dejando un sabor amargo en el comercio local.
Fuente: Con información de ADNsur





