A pocas semanas de la llegada de la primavera, el país registra un alarmante pico que supera los 790.000 casos de Influenza, el mayor número de los últimos diez años. Impulsada por una nueva variante de rápida propagación, la enfermedad se adelantó y golpeó con inusitada fuerza a los niños más pequeños. Los especialistas insisten en la urgencia de ampliar la vacunación pediátrica.
El avance arrollador de la «súper gripe»
El invierno de 2026 quedará marcado en los registros epidemiológicos de Argentina. Con la temporada de frío entrando en su recta final, los datos del Ministerio de Salud revelan un panorama que ya había sido anticipado por los expertos: el desembarco del subclado K de la gripe A(H3N2), bautizado coloquialmente como la «súper gripe».
Esta nueva cepa, detectada inicialmente en el invierno boreal, encontró a la población con una baja barrera de anticuerpos, permitiendo una rápida y masiva circulación. Las cifras del Instituto Malbrán son contundentes:
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El 96% de las muestras secuenciadas este año corresponden a este nuevo subclado.
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En las primeras 30 semanas de 2026, se registraron 790.523 casos de Influenza.
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Este número quiebra el récord inmediato de 2025 (788.328 casos) y supera ampliamente las cifras de 2024 (779.592).
Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, la temporada presentó un inicio inusualmente adelantado, con una escalada de contagios desde marzo (semana 10) y un pico crítico entre finales de mayo y principios de junio.
Los niños: el principal blanco del virus
Uno de los datos más llamativos de este brote histórico es su impacto en la población infantil. Habitualmente, los niños más pequeños suelen ser el blanco principal del Virus Sincicial Respiratorio (VSR), pero este año la «súper gripe» cambió las reglas del juego.
La distribución de los casos encendió las alertas en los hospitales pediátricos:
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Menores de 10 años: Concentraron el 48% del total de las infecciones.
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Bebés y niños pequeños: Dentro de ese grupo, el 35% correspondió a menores de 2 años.
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Otras franjas etarias: Los adolescentes de 10 a 19 años representaron el 18%, y los mayores de 60, el 11%.
«Esa concentración de los contagios en una población infantil de muy baja edad habla a las claras de que el virus este año se adelantó y de que hubo un brote» — Eduardo López, infectólogo y jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
El desafío vacunal: ¿Hay que ampliar la cobertura?
Desde una perspectiva científica, el subtipo A(H3N2) es el que más tensiona las estrategias de inmunización anual. Según el sitio especializado Medscape, este virus exhibe una mutación sostenida en la hemaglutinina (la proteína clave para que los anticuerpos neutralicen la infección), lo que a veces reduce la protección contra los síntomas leves, aunque sigue siendo fundamental para evitar hospitalizaciones y muertes.
A pesar de que este año Argentina logró administrar la vacuna antes del aumento crítico de casos, el doctor López pone sobre la mesa un debate crucial: la extensión del calendario de vacunación.
«En Argentina la vacunación en chicos es hasta los 24 meses, cuando en la mayor cantidad de países de América Latina es hasta los 6 u 8 años», advierte el infectólogo. Dado que los niños de esa edad son los principales transmisores comunitarios y familiares, las sociedades científicas ya han solicitado que la vacuna antigripal se incorpore de manera obligatoria hasta los siete años.
Mientras el virus continúa circulando de la mano de nuevas detecciones de influenza B, los expertos lanzan un mensaje claro a la población rezagada: la vacuna tarda unos diez días en generar anticuerpos, por lo que quienes aún no se han inmunizado deben hacerlo de inmediato.





