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«8 puñaladas no son defensa»: El jurado decide el destino de Rojas por el crimen de «el Mono» Gutiérrez en Corcovado

ESQUEL – El destino de Emanuel Sebastián Rojas, de 21 años, está ahora en manos de doce ciudadanos comunes. Tras jornadas de intensos testimonios y pruebas periciales, el juicio por la muerte de Oscar «el Mono» Gutiérrez, de 45 años, llegó a su fin en los tribunales cordilleranos con una disyuntiva dramática: determinar si el hecho fue un acto de supervivencia o un ataque letal ejecutado con plena consciencia.

El Ministerio Público Fiscal, representado por Fidel González e Ismael Cerda, fue demoledor en sus alegatos finales al reconstruir los hechos ocurridos el 3 de septiembre de 2024 en Corcovado. La acusación sostuvo que la tragedia no fue un accidente, sino el resultado de una escalada de violencia iniciada por el propio Rojas, quien habría provocado la pelea tras apagar la música y adoptar una postura desafiante frente a los presentes.

Los peritajes científicos se convirtieron en el pilar de la fiscalía para demostrar una desigualdad absoluta. Mientras que Rojas registraba apenas 0.11 g/l de alcohol en sangre, lo que indica que estaba prácticamente lúcido, la víctima presentaba un estado de ebriedad avanzado con 1.99 g/l. Esta condición, según los acusadores, anulaba cualquier posibilidad real de defensa o reflejos ante las diez estocadas que recibió el cuerpo de Gutiérrez, una de las cuales atravesó el pulmón y llegó directamente al corazón.

La defensa de Rojas intentó instalar la teoría de una legítima defensa, alegando que el joven temía por su vida tras recibir una supuesta golpiza que le habría desfigurado el rostro. Sin embargo, los informes médicos contradijeron este relato al constatar únicamente un moretón y un raspón leve. Un testimonio clave terminó de oscurecer el panorama para el acusado: según los relatos, tras el ataque, Rojas volvió a entrar a la vivienda para pisarle el pecho a Gutiérrez mientras este agonizaba. Además, la frase «Me cansó», pronunciada por el imputado al ser detenido, fue utilizada por los fiscales para sepultar la hipótesis del miedo y confirmar un acto de ira homicida.

Antes de que el jurado se retirara a deliberar, Rojas hizo uso de su derecho a decir unas palabras finales. Mirando a los vecinos que decidirán su futuro, lanzó una pregunta que buscó apelar a la empatía del cuerpo de ciudadanos: «Pónganse en mi lugar, ¿qué hubieran hecho?». Previamente, un hermano de la víctima había pedido justicia en nombre de la familia por una vida que, aseguran, fue arrebatada con innecesaria crueldad.

Ahora, el jurado debe elegir entre tres escenarios posibles: aceptar la tesis de la fiscalía sobre un homicidio simple, considerar que Rojas se excedió en su defensa al utilizar un cuchillo de 25 centímetros, o creer la versión del imputado sobre una legítima defensa total. El veredicto marcará un precedente fundamental en la justicia penal de la cordillera chubutense.

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