El nene, que padecía de retraso madurativo, fue atacado por su madre en la localidad de Santa Ana. El padre de la víctima había intentado denunciar agresiones previas el jueves, pero la burocracia policial postergó el trámite hasta el lunes, el mismo día en que ocurrió el crimen.
Una verdadera pesadilla conmovió a la localidad de Santa Ana, en la provincia de Misiones. Un nene de tan solo 8 años, identificado como Ilan Mareco Vázquez y quien padecía retraso madurativo, fue asesinado de forma brutal por su propia madre, una mujer diagnosticada con trastornos mentales que, según trascendió, había abandonado el tratamiento psiquiátrico que tenía indicado.
El sangriento episodio ocurrió este lunes y fue presenciado por las hermanas mayores del nene, quienes, desesperadas al ver que su madre atacaba al pequeño con un trozo de madera y un cuchillo, salieron corriendo a la calle a pedir auxilio a los vecinos. Lamentablemente, la ayuda no llegó a tiempo para salvar la vida de Ilan. Tras cometer el infanticidio, la agresora intentó quitarse la vida autoinfligiéndose cortes en la zona del cuello. Fue trasladada de urgencia a un hospital local y, tras ser estabilizada, quedó formalmente detenida bajo una estricta custodia policial.
Un pedido de auxilio que quedó atrapado en la burocracia
La tragedia expone, una vez más, las alarmantes fallas en los tiempos de respuesta del sistema de prevención. El padre de la víctima, Manuel Vázquez, relató con profundo dolor que pocos días antes había intentado alertar a las autoridades sobre el peligro que corrían en el hogar. El pasado jueves, tras ser agredido físicamente por su pareja, el hombre se acercó a radicar una exposición policial. Sin embargo, la respuesta que recibió fue desalentadora: le informaron que el trámite recién sería remitido al juzgado correspondiente el día lunes.
«Me atacó, me levantó a las trompadas de la cama. Agarré mis cosas y me fui», recordó Vázquez sobre el detonante que lo llevó a buscar ayuda policial. Lamentablemente, la burocracia corrió más rápido que la protección: «Este lunes nos encontramos con la tragedia».
Destrozado por la pérdida, el hombre no duda de que el ataque hacia su hijo tuvo la clara intención de generarle un daño irreparable a él: «Hizo esto para lastimarme, para que yo me cuelgue solo… Me llamaron para decirme que mataron a mi hijo… no tengo consuelo».
Un entorno marcado por el miedo y el silencio
El horror familiar no era un secreto absoluto en el vecindario, pero el temor a las violentas reacciones de la mujer paralizaba a su propio entorno. María Olmedo, tía de la víctima, describió el calvario diario que se vivía puertas adentro y las dificultades para intervenir.
«Estábamos todos así por miedo, no te podías meter tampoco, ir a la casa a defender a los niños porque ella reaccionaba. Los castigos eran con cinto, con garrote», confesó la mujer, dejando en evidencia un círculo de violencia intrafamiliar y desamparo que terminó de la peor manera. La Justicia misionera ya interviene en el caso para determinar las responsabilidades penales de la detenida y evaluar su estado mental de cara al proceso judicial.





