Los últimos días de febrero marcan un antes y un después en la región ucraniana de Lugansk y Donetsk luego de que el presidente ruso, Vladimir Putin tomará la decisión de desplegar sus tropas exigiendo su independencia.
Este conflicto data de 1991, hace más de 30 años cuando la Unión Soviética se disolvió y se formaron las repúblicas independientes. Durante los años posteriores, Ucrania marca una posición e intenta convertirse en un aliado de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), generando el primer roce con el país ruso y perdiendo los lazos establecidos.
La rivalidad se acrecienta y surgen las primeras protestas en las calles de la ciudad ucraniana, Kyev, en la que miles de habitantes proeuropeos se manifiestan en contra del entonces presidente, Víctor Yanukovich, provocando su huida. En paralelo, Vladimir Putin invade Crimea, una zona estratégica por su salida al mar negro.
El 14 de febrero de 2022, el actual presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski reiteró su pedido para unirse a la OTAN: “Creemos que la adhesión a la OTAN garantizaría nuestra seguridad y nuestra integridad territorial”, remarcó en una conferencia de prensa conjunta con el canciller Olaf Scholz en Kiev.
Asimismo, solicitó a Scholz “garantías legales” que protejan al país ante las posible amenaza rusa: “Es en Ucrania donde hoy se decide la futura arquitectura de seguridad europea, de la cual nuestro país es una parte integral”.
A raíz de este anuncio y posteriores posicionamientos, Vladimir Putin anunció la «operación militar especial» en el este de Ucrania.
En su discurso, el presidente ruso aseguró que «el objetivo es desmilitarizar y desnazificar a Ucrania».
«Rusia no puede vivir tranquila y segura con la constante amenaza que emana de la actual Ucrania. He ordenado una operación cuyo objetivo es la desmilitarización y la desnazificación de Ucrania. Cualquier interferencia de terceros países tendrá consecuencias como nunca se han visto» añadió.






