Ante la imposibilidad legal de ir por la reelección en Comodoro Rivadavia, el intendente abrió el juego para el escenario provincial y nacional. Aunque reconoció su ambición por el sillón de Fontana, lanzó una fuerte autocrítica sobre el presente de su partido: «Hoy falta confianza y representatividad».
El escenario político hacia las elecciones de 2027 comenzó a registrar movimientos explícitos en el peronismo chubutense. En declaraciones radiales a FM del Lago, el intendente de Comodoro Rivadavia, Othar Macharashvili, rompió el hermetismo sobre su futuro político y, si bien intentó inicialmente esquivar los encasillamientos, terminó admitiendo su aspiración de disputar la gobernación que hoy conduce Ignacio «Nacho» Torres.
El posicionamiento de Macharashvili no es casual, sino que está marcado por los límites que le impone el marco normativo local. «En lo Municipal la Carta Orgánica no habilita a una reelección», explicó el mandatario para justificar la necesidad de proyectar su carrera fuera de las fronteras de la ciudad petrolera. En ese sentido, anticipó que buscará cumplir roles «que beneficien a este proyecto», ya sea dentro de un «esquema provincial o de un esquema nacional».
La confesión sobre el sillón de Rawson
A pesar de las evasivas iniciales en la entrevista, el jefe comunal comodorense terminó por blanquear la máxima aspiración para cualquier dirigente de la provincia. «Si me preguntás, ¿vos querés ser gobernador? El que te dice que no te está mintiendo», disparó, argumentando que gobernar una ciudad «tan vibrante como Comodoro» funciona como un estadío previo natural para dar ese salto.
Sin embargo, el intendente buscó diferenciarse de las ambiciones personalistas y condicionó una eventual postulación a la existencia de un programa colectivo. «Ser gobernador sin un proyecto, solamente por serlo, te digo que no», aclaró, al tiempo que reconoció que la viabilidad de esa candidatura excede su propia voluntad: «Uno tiene las ganas y la fuerza para poder hacerlo. De ahí a poder lograrlo, ya hay cuestiones que no dependen de uno solamente».
Un amplio abanico de opciones y una dura autocrítica al PJ
Lejos de cerrar puertas, Macharashvili se mostró abierto a un abanico de posibilidades que abarca tanto el poder legislativo como el ejecutivo. «Yo hoy me siento con la capacidad para jugar en lo legislativo nacional, en la gobernación o aportar también en los lugares ejecutivos», enumeró, supeditando su destino final al esquema general que logre conformar su espacio.
El tramo más crítico de su intervención estuvo dirigido hacia el interior del Partido Justicialista. El intendente no ocultó las severas dificultades que atraviesa el peronismo para configurarse como una alternativa real de poder en Chubut.
«Todavía no hemos podido hilvanar un proyecto para mostrar a la sociedad como cambio a lo que estamos viviendo», sentenció con dureza. En una lectura descarnada sobre el vínculo actual entre el PJ y el electorado, Macharashvili concluyó afirmando que el mayor desafío de su partido es volver a generar certidumbre: «Vos para enamorar a alguien ese alguien tiene que sentir confianza y que se sienta representado. Y eso está faltando todavía».





