En medio del dolor por la pérdida de su hijo, Luis rompió el silencio con una denuncia pública que apunta directamente contra los organismos que debían velar por la integridad de Ángel. El progenitor cargó contra el Servicio de Protección de Derechos y el juez Pablo Pérez, acusándolos de ignorar las pruebas de maltrato que él mismo presentó antes del trágico desenlace.
“Siempre mi hijo pidió por mí y nadie hizo nada. Todo me trataron de machista, pero si era al revés, yo ya estaba preso”, manifestó Luis con indignación. Según su relato, los funcionarios habrían desestimado videos donde se veía al niño llorar para no ser entregado a su madre biológica. En particular, increpó a un funcionario de apellido Fleita: “Que venga y me diga en la cara cómo me dijo cuando le mostré el video. Me dijo ‘eso no me importa’ y me lo tiró como si fuera un currículum que uno tira a la basura. Me humilló e hizo abuso de poder contra mí”.
Una muerte anunciada
Luis fue tajante al señalar que la tragedia pudo haberse evitado. Aseguró haber advertido a la Justicia, al Servicio de Protección y a sus abogados sobre el peligro que corría el menor conviviendo con su madre y la pareja de esta. “Dicho y hecho, pasó. Mi hijo estaba sano, no tenía problemas de salud. Ahora me van a querer decir que fue una muerte natural para no ir presos, pero a mi hijo lo mataron”, sostuvo.
El padre también denunció irregularidades en el proceso posterior al fallecimiento, señalando que el juez Pablo Pérez habría firmado una resolución para evitar la detención inmediata de la madre. “Al otro día ya presentaron un papel para que ella no sea detenida hasta que muestren pruebas. ¿Qué más pruebas quieren? Tengo a mi hijo muerto”, reclamó frente a la falta de detenciones.
Denuncias de abandono y destrucción de pruebas
Otro de los puntos más graves del testimonio de Luis refiere a la supuesta inacción policial durante las horas críticas. Según denunció, mientras la familia de crianza acompañaba al niño en el hospital, los sospechosos habrían estado “quemando cosas” en la vivienda donde ocurrió el hecho. “Les dieron tiempo de que hagan desaparecer todo y ahora les están dando tiempo para que se escapen”, advirtió.
Finalmente, el padre lamentó el silencio previo de quienes ahora aseguran haber visto signos de violencia. Según relató, tras la muerte de Ángel, vecinos y conocidos comenzaron a mencionar que el niño iba golpeado al jardín y al gimnasio, o que pasaba hambre. “Yo pedí a mi hijo en vida y me lo entregaron muerto. Él quería estar con la gente que sí lo amaba y se lo dieron a una persona que no conocía. Yo lo quería vivo”, concluyó en un grito de justicia que conmueve a toda la comunidad de Comodoro Rivadavia.





