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«Llegar a viejo es que te tiren a la basura»: el drama de un paciente oncológico desamparado por su obra social en Chubut

El living del barrio Amaya, en Trelew, refleja la cruda realidad de la tercera edad en el interior profundo de la Argentina. Raúl Roberto tiene 66 años, el cuerpo curtido por décadas de trabajo en la construcción y un diagnóstico de cáncer de pulmón que venía asimilando bien. Sin embargo, su principal enemigo hoy no son las células malignas, sino la insensibilidad administrativa de PAMI Central, que mantiene retenida su medicación oncológica desde hace más de setenta días.

El tratamiento marchaba según los plazos médicos. Tras diez sesiones de quimioterapia, el oncólogo de cabecera decidió retirar una de las tres drogas del esquema para atenuar los efectos adversos y otorgarle mayor bienestar. Lejos de agilizar el proceso, el cambio de prescripción disparó un rechazo sistemático en las oficinas de Buenos Aires bajo el argumento de supuestas discrepancias en los estudios. Mientras las planillas van y vienen en un circuito de rechazos automáticos, Raúl ya se perdió tres quimioterapias consecutivas.

La respuesta de la delegación local del organismo se limita a reiterar formularios digitales que se pierden en la distancia federal, acumulando cinco reclamos infructuosos mientras la salud del paciente se deteriora.

«Trabajar tanto para terminar pidiendo limosna»

La paciencia familiar se agotó ante lo que consideran un maltrato institucional sistemático hacia quienes ya no forman parte de la población activa. Irma Riagada, esposa de Raúl, sintetiza la frustración de ver los aportes de toda una vida diluidos en la indolencia burocrática:

«Para mí esto es un abandono de persona. Démosle una oportunidad de un poquito más de calidad de vida, al menos si es cambiar una medicación no más y no porque nadie va a jugar con la medicación… Trabajar tanto, sufrir tanto para llegar ya a ser jubilado y andar pidiendo limosna para poder estar un poquitito mejor».

La desatención obliga al matrimonio a lidiar con las consecuencias físicas de la interrupción del tratamiento diario, recurriendo a cuidados paliativos menores que no detienen el avance de la enfermedad.

«Ahora le recetaron un parche, pero con el parche no hacemos nada. Se le va un poco el dolor que a veces llora de dolor y sigue igual. Eso está ahí estancado. (…) El oncólogo hace las cosas bien, pero llego a PAMI y de ahí lo rechazan. O sea, que no es el problema del oncólogo, el problema lo tiene PAMI».

La centralización de los sistemas de auditoría médica en Buenos Aires profundiza el aislamiento de los afiliados de Chubut, transformando la gestión de la salud en un ejercicio de desgaste.

«Tenemos cinco reclamos en dos meses y medio y no te dan de un día para el otro. El reclamo demora una semana en decir el ‘no’ de vuelta y lo vuelven a hacer de vuelta y seguimos así ya. (…) Si nosotros no hubiésemos perdido dos meses y medio, capaz que ya estaría encapsulado el cáncer».

Ante el vacío asistencial, la vía judicial a través de un recurso de amparo se presenta como la última alternativa disponible para quebrar la parálisis oficial. El caso de Raúl expone de manera cruda la desprotección estructural que sufren los adultos mayores cuando el Estado delega sus funciones esenciales en la fría lógica de un expediente digital.

Fuente: Cobertura periodística e información compartida por Silvina Cabrera en Trelew, Chubut.

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