La participación en las elecciones de este domingo alcanzó apenas el 66% del padrón nacional, uno de los registros más bajos desde el regreso de la democracia. De acuerdo con los datos oficiales del escrutinio, 12.235.796 electores —el 34% del total— decidieron no votar.
Este nivel de ausentismo confirma la tendencia descendente observada en los últimos comicios provinciales: entre abril y septiembre, en diez distritos que desdoblaron sus elecciones, seis no lograron superar el 60% de participación. En Chaco, por ejemplo, la mitad del electorado no acudió a las urnas en mayo.
Analistas políticos atribuyen este fenómeno al malestar social, la desconfianza hacia la dirigencia y el descontento económico, factores que habrían profundizado el desapego ciudadano con el sistema político. También influyen la percepción de corrupción y la pérdida de credibilidad en las instituciones.
Desde la implementación de las PASO en 2011, la participación promedio nacional se ubicó en torno al 77%. En las legislativas de 2021, marcadas por el impacto de la pandemia, bajó al 72%. Dos años después, en 2023, la concurrencia superó nuevamente el 70% en todo el país, con Santa Cruz como la provincia con menor participación (72,7%) y Tucumán como la más alta (83%).
El resultado de este domingo, sin embargo, marca un retroceso histórico y refleja una creciente desconexión entre la sociedad y la política argentina.





