Luego de décadas de lucha, la Selección Femenina de Estados Unidos logró finalmente la tan ansiada paridad salarial con respecto a sus pares del masculino.
Las jugadoras de la Selección Nacional de Estados Unidos (USWNT) llegaron a un acuerdo por un total de 24 millones de dólares tras su demanda colectiva buscando la igualdad salarial contra la Federación de Fútbol de Estados Unidos (USSF). Al resolverse la petición, habrá un pago global de 22 millones que se distribuirá entre las mismas deportistas.
Cabe destacar que, al mismo tiempo, la U.S. Soccer deberá abonar $2 millones adicionales, alcanzando los 24 millones a una cuenta común para beneficiar a las jugadoras del seleccionado que se hayan retirado del deporte profesional y también para iniciativas benéficas relacionados con la igualdad en el fútbol. Cada una de ellas podrá solicitar hasta un total de $50.000 de dicho fondo común. Dicho convenio depende que las jugadoras de la USWNT ratifiquen un nuevo Acuerdo de Negociación Colectiva (CBA)y cuando esto ocurra, se aprobará lo manifestado por el Tribunal de Distrito.
Comunicado oficial:
U.S. Soccer and @USWNT are proudly standing together in a shared commitment to advancing equality in soccer. pic.twitter.com/Sp8q7NY0Up
— U.S. Soccer (@ussoccer) February 22, 2022
En un principio las jugadoras de la Selección de Estados Unidos buscaban un total de 66,7 millones de dólares en pagos retroactivos. Las 28 futbolistas presentaron la demanda en marzo del 2019, donde acusaron a la USSF por ejercer «discriminación de género institucionalizada». Este pedido se presentó bajo la Ley de Igualdad Salarial y el Título VII de la Ley de Derechos Civiles. Los objetivos fueron la igualdad de salario y mejora en las condiciones de trabajo. Antes de esto, en 2016, cinco jugadoras y referentes –Megan Rapinoe, Alex Morgan, Carli Lloyd, Becky Sauerbrunn y Hope Solo– también denunciaron la discriminación salarial.
La solicitud tomó mayor visibilidad en marzo del 2020 cuando se hizo pública una presentación legal de la USSF. En ella, desde el ente señalaban que las jugadoras «no realizan el mismo trabajo» que los hombres y que la habilidad para jugar al fútbol estaba influenciada por «ciertos atributos físicos» que tenían los hombres y no las mujeres. Allí fue cuando Carlos Cordeiro, presidente del ente regulador, renunció y fue reemplazado por Cindy Parlow Cone. Dos meses después, el juez del Tribunal de Distrito desestimó el pago igualitario; algo que lógicamente generó la apelación de las deportistas.





