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Falleció Ramiro Agulla, el cerebro de «La llama que llama»

El legendario publicista falleció a los 62 años tras complicarse un cuadro de neumonía. Co-creador de hitos culturales como “La llama que llama” y estratega detrás del histórico “dicen que soy aburrido” de De la Rúa, deja una marca imborrable en la comunicación audiovisual y el marketing político del país.

 

El mundo de la publicidad, la comunicación y la política argentina atraviesa una jornada de profundo luto. Este jueves 9 de julio de 2026, a las 4 de la madrugada, falleció Ramiro Agulla a los 62 años. El reconocido creativo, oriundo de Río Gallegos, se encontraba internado debido a un cuadro de neumonía severa que desmejoró drásticamente en las últimas horas, derivando en un shock séptico generalizado que causó su deceso.

Considerado de forma unánime como una de las figuras más influyentes e irreverentes de la comunicación audiovisual en la Argentina, Agulla marcó a fuego la década de los 90 y los primeros años del nuevo milenio. Su audacia para leer la coyuntura social y transformarla en piezas narrativas de alto impacto revolucionó la pantalla televisiva y la vía pública de un país en constante transformación.

La era dorada y el ADN de la cultura popular

El salto definitivo en su carrera ocurrió cuando, junto a su histórico socio Carlos Baccetti, fundó la mítica agencia Agulla & Baccetti. La firma no tardó en consolidarse como el epicentro de la vanguardia creativa local. Los anunciantes más importantes del mercado no buscaban solo pauta publicitaria; buscaban el sello disruptivo de una dupla que entendía los códigos de la calle mejor que nadie, cosechando múltiples galardones internacionales y redefiniendo la estética publicitaria de la región.

Las creaciones comerciales de la agencia trascendieron las pantallas comerciales para integrarse de forma definitiva en el inventario cultural y en el habla cotidiana de los argentinos. Entre su legado más icónico se destacan:

  • “La Llama que llama” (Telecom/Personal): Una desopilante saga humorística basada en personajes animados que hacían bromas telefónicas, transformando por completo la tanda televisiva y volviéndose un fenómeno de masas.
  • “El Oso” (Quilmes): Una pieza con un arraigo sublime en la identidad, las pasiones colectivas y la nostalgia nacional que consolidó el liderazgo de la marca cervecera.
  • “Gueropa” (Renault): Otro hito rítmico e inolvidable que capturó el espíritu de una época.

El estratega del poder

Más allá de las marcas corporativas, Agulla alcanzó notoriedad histórica al trasladar la irreverencia y la efectividad de la narrativa publicitaria al rígido terreno de la política tradicional. Se convirtió, de este modo, en el consultor clave de los cierres de siglo e inauguró la era del marketing político moderno y la profesionalización electoral en el país.

Inició esta faceta masiva en 1999, cuando la agencia liderada por la dupla diseñó la campaña presidencial de Fernando de la Rúa. El spot fundacional, donde el candidato miraba a cámara y pronunciaba la célebre frase «dicen que soy aburrido», rompió todos los manuales de la comunicación política y se consagró como un hito absoluto de la propaganda electoral contemporánea.

A lo largo de cuatro décadas, asesoró a una extensa gama de gobernadores, intendentes y legisladores en el plano nacional, y extendió sus servicios como consultor estratégico hacia figuras internacionales en México, Chile y Estados Unidos. Ante quienes cuestionaban que trabajara para dirigentes de ideologías tan opuestas, Agulla solía mantener una postura pragmática: «Yo no soy político. Soy publicitario. Hago anuncios, soy el chico del delivery».

Resiliencia y herencia profesional

Su implacable personalidad y su urgencia por comunicar también estuvieron moldeadas por la tragedia. En 1978, durante su adolescencia, su padre, Horacio Agulla —destacado periodista y militante político—, fue asesinado por un grupo de tareas de la última dictadura militar. Ramiro explicó en diversas entrevistas cómo logró integrar ese dolor en su carrera, logrando «convertir esa bronca en algo positivo» a través del arte y la provocación publicitaria.

Con su partida, la industria de la comunicación despide a un visionario implacable. Un creador que entendió antes que nadie que para vender, conmover o convencer, primero había que capturar el alma, las contradicciones y el humor del pueblo.

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