Es de Cushamen, dejó su puesto frente al aula para viajar a Kansas y terminó retenido por la aduana norteamericana. Su mensaje a los alumnos se volvió viral.
La pasión por la Selección Argentina no conoce de límites, de fronteras ni, mucho menos, de estabilidad laboral. Así lo demostró un maestro patagónico oriundo de Cushamen, un pequeño pueblo de Chubut con apenas 2.000 habitantes, quien se convirtió en el protagonista de una historia que mezcla locura, fútbol y una inesperada lección de vida para sus alumnos.
El docente, cuya identidad se viralizó rápidamente en las redes sociales tras una entrevista en las inmediaciones del estadio en Kansas, confesó sin vueltas el enorme sacrificio que hizo para poder alentar a la «Scaloneta»: renunció a su trabajo.
«Renuncié, no me quedaba otra. Era eso o no venir. Trabajé y ahorré para esto, así que ya está. Dejé todo», relató con una sonrisa imborrable y la camiseta albiceleste bien puesta.
Al ser consultado sobre el factor económico y si el dinero era suficiente para semejante travesía, el maestro respondió con picardía: «Suficiente… ya fue, la junté toda y me vine».
El «cuartito» de la aduana y un regreso complicado
Sin embargo, la aventura no estuvo exenta de dramatismo. Llevado por el impulso y la urgencia de llegar a destino, el chubutense viajó a los Estados Unidos sin pasaje de regreso, una de las alarmas principales para las autoridades migratorias norteamericanas.
La odisea sumó un capítulo de tensión cuando fue demorado al ingresar al país: «La vuelta se complicó porque no saqué pasaje y me agarraron ahí en la aduana. Me mandaron al cuartito», explicó. Tras el interrogatorio, los oficiales le sellaron el pasaporte con una condición estricta: «En dos semanas te tenés que ir».
Un mensaje viral para sus alumnos
A pesar de haber dejado su cargo y de la intimación de las autoridades migratorias, el «profe» no se olvida de sus raíces. Aprovechó los micrófonos para enviar un cálido saludo a su familia en Epuyén y, especialmente, a sus queridos estudiantes en la cordillera.
Sabiendo que el lunes comenzarán las clases y él estará a miles de kilómetros de distancia, el maestro le dejó un mensaje final a sus alumnos, transformando su locura futbolera en una última e inspiradora enseñanza:
«Arranquen nomás que yo no llego ya, que vayan nomás. Que estudien, que pueden lograr estas cosas».





