El hallazgo del cuerpo de Diego Ezequiel Serón en una zona de difícil acceso del Cerro Chenque puso fin a la incertidumbre, pero abrió una herida profunda sobre las circunstancias de su desaparición. Lo que comenzó como una búsqueda desesperada terminó por revelar la vulnerabilidad de un joven que, en sus últimas horas, se encontró en un laberinto de soledad y rechazo.
Un rompecabezas de testimonios esquivos
La División Policial de Investigaciones (DPI) de Rawson y la División Búsqueda de Personas de Comodoro se enfrentaron a un obstáculo inesperado: el silencio familiar. Según fuentes de la investigación, recabar información fue «dificultoso desde el principio».
Los testimonios aportados por el entorno cercano fueron calificados como escasos, fragmentados y contradictorios. Con el correr de los días, la verdad salió a la luz: la mayoría de sus familiares no veía a Diego desde hacía un año y desconocían por completo su rutina diaria o su círculo de amigos.
La fatídica madrugada del 7 de enero
El punto de quiebre ocurrió entre la noche del 6 y la madrugada del 7 de enero. Según la reconstrucción policial, Serón se encontraba en un avanzado estado de ebriedad y comenzó a enviar una «oleada» de mensajes de WhatsApp a sus familiares.
«Ante su estado y los reiterados pedidos de dinero, decidieron bloquearlo en la aplicación», revelaron los investigadores. Esas fueron sus últimas interacciones antes de que su rastro se perdiera definitivamente.
El registro de las cámaras: Un camino sin retorno
El análisis de las cámaras de videovigilancia fue la pieza clave para descartar la intervención de terceros. El recorrido final de Diego quedó registrado paso a paso:
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Caminata solitaria: Se lo observó deambulando por diversas arterias de la ciudad.
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Último avistamiento: Fue captado en la intersección de las calles Alsina y Misiones.
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Hacia el abismo: Las imágenes lo muestran dirigiéndose solo hacia el Camino del Centenario, en las inmediaciones del Cerro Chenque.
Fue en ese sector donde, de manera accidental o voluntaria —punto que las pericias forenses terminan de definir—, el joven cayó al vacío en el mismo lugar donde su cuerpo sería hallado días más tarde.
La justicia busca responsables
Aunque la participación de terceros está descartada por los registros fílmicos, la Justicia no ha cerrado el expediente. Se ha procedido a la apertura del teléfono secuestrado de la víctima para determinar si existió algún tipo de responsabilidad por omisión o abandono por parte de su círculo cercano.
El caso de Diego Serón deja a Comodoro Rivadavia con una postal amarga: la de un joven que, en su hora más crítica, se encontró con una pantalla bloqueada y un camino solitario hacia el cerro.





