Un recorrido por las publicaciones de Mariela Altamirano en Facebook permite ver la compleja situación familiar previa a la tragedia. Desde la búsqueda desesperada de trabajo hasta oscuras advertencias sobre el destino de su hijo.
Las redes sociales de Mariela Altamirano, hoy detenida por el crimen de su hijo Ángel López, funcionaban como una bitácora de su vida cotidiana en Comodoro Rivadavia. A través de capturas de pantalla de sus publicaciones, se puede reconstruir el relato que la mujer construía públicamente.
«No tengo con quien dejarlo»: El pedido de trabajo A principios de 2023, Altamirano utilizaba grupos de Facebook para ofrecerse como vendedora ambulante. En sus mensajes, el pequeño Ángel era una presencia constante y condicionante para su actividad laboral:
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«Hola buenas tardes necesito trabajar me estoy volviendo loca en mi casa me ofrezco como vendedora ambulante… puedo salir a vender con mi hijo porq no tengo con quien dejarlo», publicaba el 6 de enero en grupos de empleo.
La grieta familiar: «Es mi hijo quien paga los platos rotos» Si bien en junio de 2023 publicaba mensajes celebrando el cumpleaños de su pareja y llamándolo «buen padre», para septiembre de ese mismo año la situación dio un vuelco drástico. En un posteo del 1 de septiembre, Altamirano descargó su frustración contra el hombre, señalando directamente un peligro para el niño:
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«Me cansé de el no de mi hijo el me lastimo mucho y por su venganza es mi hijo quien paga los platos rotos y lo que mas me duele que el no se ase cargo de nada».
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En ese mismo texto, la mujer manifestaba su intención de irse: «voy a volver solo por mi hijo no por el me voy q ir con la cabeza bien alta y voy a buscar un lugar donde quedarme porque ya mucho daño me iso ese hombre».
El contraste con la investigación
Estos posteos, donde Altamirano se mostraba como una madre protectora que buscaba alejarse de un entorno violento por el bien de su hijo, chocan frontalmente con los hallazgos de la justicia. Según la fiscalía, el niño no solo sufría un maltrato reciente que le causó la muerte por más de 20 golpes en el cráneo, sino que existía una «matriz de violencia sistémica» previa.
Mientras en Facebook Altamirano denunciaba que su hijo pagaba «los platos rotos» de una venganza ajena, los informes del jardín de infantes revelaron que el niño confesaba ser castigado en su hogar con agua fría. Hoy, aquellas publicaciones son piezas clave para entender el contexto de un hogar donde, detrás de la pantalla, se gestaba una tragedia.






