La comunidad sospecha que presuntos vendedores ambulantes marcan domicilios para facilitar robos. La inseguridad se cobró la vida de un histórico referente barrial y exigen respuestas al Ministerio de Seguridad.
El barrio Presidente Ortiz atraviesa horas de profundo temor y malestar. Tras el fallecimiento de Bernardino «Nino» Villarroel, el histórico dirigente barrial de 78 años cuya muerte pasó de ser una tragedia accidental a ser investigada como «presunto homicidio», la comunidad de Kilómetro 5 rompió el silencio. Lidia Moscoso, referente de la zona, denunció públicamente la existencia de una red de «marcadores» que operan bajo la fachada de la venta ambulante.
El modus operandi bajo la lupa
Según el testimonio brindado por Moscoso a La Petrolera, la metodología es recurrente: individuos que ofrecen bolsas, medias o recolectan chatarra circulan por el barrio realizando un relevamiento visual de las viviendas.
«Estos vendedores actúan como controladores de la zona. Es matemático: pasan por una cuadra y, a los pocos días, se registra un robo en esa misma zona», alertó la vecinalista.
La preocupación escala debido a la vulnerabilidad de la población adulta mayor, blanco principal de estos ataques. Moscoso relató episodios recientes de extrema gravedad, como el ingreso de intrusos a domicilios particulares a las 5 de la mañana mientras los propietarios pernoctaban.
Pedido urgente a las autoridades
La muerte de Villarroel, un hombre recordado por su generosidad y su fervorosa defensa del club Ferro, fue el detonante para que los vecinos exijan medidas concretas al Ministro de Seguridad, Héctor Iturrioz. Entre los puntos principales del reclamo se encuentran:
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Controles en los accesos: Mayor rigurosidad en la identificación de personas foráneas que ingresan a la ciudad.
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Cámaras de seguridad: Instalación inmediata de los dispositivos prometidos por la provincia.
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Colaboración vecinal: Los residentes han ofrecido poner a disposición sus cámaras privadas para formar una red de monitoreo integral.
Un clima de desconfianza
Para los habitantes de Kilómetro 5, el problema radica en la «falta de control de personas foráneas». Moscoso enfatizó que, sin una fiscalización adecuada de quienes circulan por las calles del barrio sin identificación ni permisos de venta, la seguridad de los vecinos —especialmente de los más ancianos— seguirá pendiendo de un hilo.





