Lo que parecía una jornada laboral normal el pasado martes 10 de febrero se transformó en una pesadilla para una joven empleada de un comercio céntrico. A través de un relato estremecedor en redes sociales, la víctima denunció haber sido blanco de un extraño ataque bajo una modalidad que genera creciente preocupación: el contacto físico como método de sumisión.
El ataque: «Me tocó y empecé a marearme»
Según el testimonio, un hombre alto que circulaba con un carrito ingresó al local solicitando asistencia. Sin embargo, tras un breve contacto físico, la joven comenzó a experimentar síntomas alarmantes de forma inmediata.
“Cuando me tocó, comencé a sentirme mareada”, relató la víctima, quien en medio de la confusión logró salir del comercio para pedir auxilio a quienes caminaban por la zona.
La joven fue socorrida por una mujer que se encontraba con su madre y sus hijos, mientras que el atacante desapareció del lugar sin dejar rastro. Debido al estado de aturdimiento, la víctima manifestó no recordar el rumbo que tomó el sospechoso.
Peregrinaje judicial y falta de respuestas
La indignación de la joven no solo radica en el ataque, sino en la «desidia institucional» que enfrentó posteriormente. Según su descargo, recorrió tres comisarías distintas intentando radicar la denuncia, pero en todas fue derivada sin obtener una respuesta concreta.
Asimismo, cuestionó el diagnóstico recibido en el hospital, donde un enfermero sugirió que podría haberse tratado de un ataque de pánico. “Yo sé cómo me siento y no fue eso. No entro en pánico ni me da miedo; los que me conocen saben que fue algo más”, sentenció, reafirmando su sospecha de que fue expuesta a alguna sustancia.
Un llamado a la prevención
Ante la falta de acciones policiales inmediatas, la víctima decidió hacer público el caso para advertir a otras mujeres y comerciantes del centro:
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El sospechoso: Un hombre de contextura alta que transporta un carrito.
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El pedido: Estar alertas ante ingresos sospechosos y evitar el contacto físico con desconocidos que utilicen excusas para acercarse.
“Me da bronca pensar que probablemente no lo busquen y que esta persona siga suelta”, concluyó la joven, cuya publicación busca suplir la falta de prevención con solidaridad vecinal.





