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Adiós a los geriátricos: el auge del «cohousing senior» para envejecer en comunidad

Una alternativa nacida en Dinamarca hace seis décadas se consolida con fuerza en Argentina y Uruguay. A través de la autogestión, la propiedad colectiva y la vida entre pares, cada vez más adultos eligen organizarse para decidir cómo transitar esta etapa en libertad.

 

El modelo tradicional de residencia geriátrica comienza a perder terreno frente a una nueva tendencia que prioriza la autonomía, la vida social y la autogestión: el cohousing senior o vivienda colaborativa. Originado en Escandinavia, este esquema cooperativo se extiende por el Río de la Plata como una respuesta directa a la soledad, el encierro y los altos costos de los geriátricos clásicos.

A diferencia de una institución convencional —donde un directorio externo administra horarios y rutinas—, el cohousing se basa en la propiedad colectiva gestionada mediante el sistema de cesión de uso. Cada residente conserva su unidad privada, pero comparte espacios comunes como cocinas, comedores, huertas y salones de usos múltiples. Aquí la diferencia no es de comodidades, sino de poder: los vecinos organizados toman todas las decisiones por consenso, sin protocolos hospitalarios.

Experiencias que crecen a ambos lados del charco

En Argentina, el fenómeno se expande de manera sostenida con proyectos adaptados a distintas geografías:

  • Buenos Aires: El edificio Vidalinda, en el barrio de Belgrano, funciona desde 1970 bajo esta lógica de manera pionera.

  • Chubut: En las afueras de Esquel, el complejo Punta Canas reúne catorce viviendas circulares diseñadas específicamente sin barreras arquitectónicas ni escalones.

  • Otras provincias: Se destacan iniciativas como Pupo Chico en San Antonio de Areco y Ananda Green Village en Mendoza.

Por su parte, Uruguay se posiciona como la gran referencia regional gracias a una sólida tradición y marco legal en materia cooperativa. Casos como Carpe Diem (cerca de Montevideo), Angirũ (Canelones) y el proyecto feminista Mujeres con Historias demuestran cómo el modelo avanza con fuerte arraigo institucional, integrando incluso servicios de asistencia para socios en situación de dependencia.

¿Por qué ahora? Demografía, economía y autonomía

El crecimiento de esta alternativa responde a un cambio generacional profundo. Quienes hoy llegan a los sesenta y setenta años —impulsados también por el envejecimiento poblacional que registra el INDEC— llegan con plena autonomía y rechazan de plano la lógica restrictiva de los geriátricos tradicionales, un temor que se profundizó tras las vivencias de la pandemia.

A esto se suma una variable económica decisiva: comprar el derecho de uso en una vivienda colaborativa suele ser más accesible que adquirir una propiedad inmobiliaria tradicional, mientras que la compartición de gastos fijos reduce notablemente el costo de vida. Aunque la demanda supera ampliamente a una oferta todavía incipiente, el mensaje de esta generación es claro: organizarse a tiempo para construir, ladrillo por ladrillo, la vejez que eligen tener.

Fuente: Mirada Argentina

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