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Incendios en la cordillera: advierten que los pinos «siembran el desastre» y agravan el impacto del fuego

El biólogo Lino Pizzolon, magíster en Ecología Acuática, docente e investigador de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, alertó sobre el rol que cumplen las plantaciones de pinos en la propagación y agravamiento de los incendios forestales en la cordillera. En diálogo con Radio del Sur 97.1, explicó que se trata de una especie exótica altamente inflamable que, lejos de ayudar a la recuperación ambiental, favorece nuevos focos de incendio y desplaza al bosque nativo.

Pizzolon señaló que existen numerosos estudios científicos que ubican al pino entre las especies más peligrosas frente al fuego. «Hay investigaciones realizadas en la zona de Puerto Patriada que demuestran que el pino está en primer lugar en flamabilidad. Cuando el fuego llega a un pinar, explota», afirmó. Y agregó: «Se puede seguir el rastro del incendio por las plantaciones de pino, porque son las que abren el camino para que después el fuego se expanda al bosque nativo».

El especialista explicó que, a diferencia de las especies autóctonas, el pino no solo resiste el fuego, sino que se reproduce a partir de él. «El pino no se quema: las piñas explotan y las semillas se dispersan. Donde había 2.000 pinos por hectárea, después de un incendio pueden brotar 20.000, 40.000 y hasta 160.000 pinos por hectárea», detalló. «Cada incendio genera más material combustible para el próximo incendio», advirtió.

En ese sentido, sostuvo que estas plantaciones funcionan como una plaga invasiva. «Es una especie que se autoreproduce con el fuego. Cada vez que se quema, vuelve con más fuerza», explicó, al tiempo que recordó incendios anteriores en la región, como el de El Hoyo, donde el fuego avanzó rápidamente por zonas dominadas por pinos.

Pizzolon también remarcó las consecuencias ecológicas del avance de esta especie sobre el bosque nativo. «Debajo de un pinar no crece nada. El pino emite sustancias que inhiben la germinación de otras especies y además consume enormes cantidades de agua», señaló. En ese marco, indicó que «un pino de 30 centímetros de diámetro puede absorber alrededor de 100 litros de agua por día», lo que provoca el secado de mallines y vertientes.

Sobre el impacto hídrico, citó estudios comparativos realizados en Chile:

«En cuencas reemplazadas por pinos, la disponibilidad de agua se reduce entre un 30% y un 80%, según la zona. En regiones secas, como muchas de la Patagonia, el impacto es devastador».

Consultado sobre las posibles soluciones, el biólogo fue contundente: «Lo primero es no seguir plantando pinos. Seguir plantando pinos es seguir sembrando desastres, más aún con el calentamiento global y la sequía».

Además, reclamó políticas públicas activas: «Las plantaciones sin mantenimiento deben ser penalizadas y debería prohibirse absolutamente la siembra de nuevos pinos».

Finalmente, Pizzolon llamó a recuperar el bosque nativo y a repensar el modelo forestal. «A los pinos los han llamado ‘desiertos verdes’, porque debajo no crece nada. Hay que ayudar a la naturaleza a recuperarse y dejar de exprimirla», concluyó, al tiempo que insistió en la necesidad de inversión, planificación y compromiso social para revertir una problemática que, aseguró, «ya alcanzó una dimensión enorme en toda la cordillera».

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