Argentar Noticias
radio online
social media argentar whatsapp facebook twitter youtube buscador
El Tiempo
tiempo
imagen

El Grinch llegó a Comodoro para robarnos la Navidad y un par de reflexiones 05/12/2018

imagen

Reseña de un clásico infantil que se presenta ahora en versión animada. Llega la Navidad y el antipático Grinch nos recuerda algunas realidades.

El Grinch (2018) ha reaparecido estas navidades en una versión animada para lo más chicos. La película puede verse en las salas del Cine Coliseo de Comodoro Rivadavia, y cabe destacar que en la función que presenció este cronista no faltaron las risas de chicos… y grandes.

Esta nueva versión del clásico es la tercera en pantalla grande. Está basada en la novela del legendario escritor estadounidense Theodor Seuss Geisel, más conocido como el Dr. Seuss, llamada ¡Cómo el Grinch se robó la navidad!, publicada en 1957 por la editorial Random House. También es conocida una versión (bastante tétrica, por cierto) lanzada en una serie de cuentos animados que aparecieron en la TV de EEUU en 1966, dirigida por Chuck Jones, el hombre detrás de los cortometrajes de los Looney Tunes y Merrie Meolodies. Luego tenemos el film del año 2000, protagonizado por el comediante Jim Carrey (que también se pintó la cara de verde en La Máscara/1994).

Comentemos un poco la trama. El Grinch es una criatura malhumorada, peluda y verde. Vive en una cueva en los alto del Monte Crumpit, en las afueras de la ciudad de Villaquien. Él mismo nos asegura que su corazón es tres veces más pequeño de lo normal. Su único compinche es el fiel perrito Max, que hasta le hace el café todas las mañanas. Un buen día, por estas fechas, el Grinch detecta sonidos en Villaquien: los Quienes comienzan sus preparativos para festejar la navidad, la fecha que más detesta del calendario. La alegría de los cálidos Quienes le produce una rabia incontenible, que solo puede aplacar si ejecuta un plan terrible: robarse literalmente la navidad, es decir todos los adornos y regalos posibles.

Reflexiones

La película, de 1h 26 minutos, tiene un ritmo frenético, entretiene. Dos elementos resultan interesantes: por un lado, el Grinch, con todo su verdor y peludéz, nos presenta una antipática pero real pregunta: ¿No estamos prácticamente obligados a festejar la Navidad, las fiestas en general? El Grinch denuncia una dictadura de la felicidad, muchas veces forzada. ¿Cuántas Navidades, por tal o cual motivo, realmente no hemos tenido ganas de festejar, juntarnos casi ritualmente con ese familiar o amigo que no vemos nunca? Sí, la película nos explica puntualmente cómo opera el pasado del Grinch en el origen de esta aversión navideña, pero la pregunta sigue erguida, legítima, y simpática, porque nos la hace un monstruo verde.

Por otro lado, tenemos al personaje de la entrañable niñita Cindy Lou, que comienza a hacer mella en el disminuido corazón del Grinch, con una noble causa: Cindy Lou no quiere que Santa Claus (Papá Noel) le traiga ningún regalo: ella quiere la felicidad de su madre, a la que ve cansada debido un trabajo nocturno de muchas horas, que también afecta el tiempo que puede dedicarle a pasar tiempo con ellos, sus hijos. Por este motivo, Cindy Lou necesita contactarse cuanto antes con Santa Claus para comunicarle su inusual pedido. Si bien acaso sea un argumento un tanto remanido, se alza, encarnado en la inocencia de la niñez, una crítica al consumismo de la navidad, a la primacía de lo material sobre lo espiritual, eclipsando el sentimiento y el vínculo humano, valores para los cuales la Navidad puede fungir como coartada, catalizadora, ya que nunca están de más las coartadas, las excusas, para movilizarnos.

Por Martín Ulacia (martinulaciaok)