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Misión Cumplida: Eduardo Ripoll 07/03/2018

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Atravesó 200 km por los cerros de San Martín de los Andes y cuenta su experiencia

Eduardo Ripoll cumplió con 200 km de La Misión el pasado febrero en San Martín de los Andes. Subió nada más y nada menos que 10000 (si diez mil) metros, acumulados en dicha distancia.

¿Cómo fue la preparación a semejante aventura?

-Luego de hacer  Vulcano, busqué un desafío fuerte, siempre miré con cariño La Misión, pero para ello, busqué a una entrenadora que haya preparado corredores para esta carrera: hablé con Gustavo Llampa y me contactó con Virginia Gálvez que me preparó un plan. Arranqué en marzo más o menos, así que fueron largos meses de entrenar solo, más los entrenamientos en el gimnasio, que mi hijo Alejandro me preparaba las rutinas.-

Para Eduardo el camino fue largo y laborioso, tuvo también sorpresas durante la preparación, por ejemplo, en octubre se lesionó al correr sin plantillas en Mendiak, una carrera de El Bolsón, que casi lo dejó afuera de la carrera a solo un par de meses de largar: “Llegué por suerte bien, previa visita al especialista, así que preparamos todo y salimos a San Martin, inspección de equipos y a largar”, dijo.

Había llegado el momento, y ahora te quedaba buscar la medalla

-Largamos a las 10 de la mañana y a las 14, empezó la lluvia, muy fuerte, caídas en el barro, fue muy dura esa etapa, no hay ni campera, goretex que valga, nos mojamos, desde la ropa a lo que llevábamos en la mochila.-

Recordemos que La  Misión es una carrera de autosuficiencia que debes llevar una carga importante de equipamiento obligatorio durante la carrera.

¿Cómo se siente La Misión?

llegamos tipo 4 de la mañana al primer campamento, Hua Hum, a los setenta y pico de kms, un descanso amontonados de una hora, comer algo y salir, cruces de arroyos, barro, unas bajadas a las patinadas, golpes.

Luego empezó a jugar el cansancio y la noche en el bosque, ver cosas inexistentes, figuras en el piso, formas de animales, muy de locos.

La Misión es tirarnos  abajo de un árbol vestidos, mojados, temblar de frio y arrancar de vuelta.

Largamos  rumbo a Boquete, llegamos tipo 15 hs, comer una hamburguesa y a seguir al próximo PAS (Laguna Verde).

¿Cómo es  el trayecto?

-Muchas trepadas, trabado, cruces de arroyos y barro, Tito (compañero) empezó a renguear  y se le hizo el  aguante.

A Laguna Verde (campamento 2 a casi 140 km)  llegamos el sábado a las 13 Hs, comer algo y salir, tirarnos abajo de un árbol y desmayarnos. Una horita y a seguir , cruzar el Aseret  (Co. De 2100 mts), fueron trepadas interminables de noche y me quedé dormido en un tronco esperando a Tito. Cuando me despierta  creí que estaba en el depósito de un hotel, lleno de mesas ratonas, sillones, cosa de locos!-

Los últimos kilómetros, como fueron?

-Y tocaba aguantar. Fui  quemándole la cabeza a Tito para que no afloje, llegamos  a Puerto Arturo , se chequeo de equipamiento y siguió un camino de 30 kms al rayo del sol. Otra  trepada interminable en el Portezuelo Corfone, empecé a bajar y sentí  que me faltaba algo.... era el celu se me cayó! Trepé para volver a buscarlo y no lo encontré, por suerte después otro corredor me lo devolvió.

Después de unos 4 kms de bajada  ¡¡¡¡MISION CUMPLIDA !!!!

Eduardo cumplió en 76 horas 38 minutos, una misión que no sólo fueron 200 km, fueron lluvias, noches largas, cansancio extremo, buen compañerismo y hermosos recuerdos.

“Terminé con par de uñas detonadas, pies hinchados y un cansancio que no se va, pero como siempre digo, al que le gusta el durazno, que se banque la pelusa” concluye.